Orgullosos… pero menos
19 julio 2009
Todos los años una marea de homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales invaden las principales capitales del mundo para proclamar su particular “orgullo”. Si un ciudadano del montón se pierde esos días por el centro urbano sin estar avisado, experimenta la extrañeza de quien no pertenece a la “tribu”.
Leer en verano y más allá
5 julio 2009
“Queremos ver también por otros ojos, imaginar con otras imaginaciones, sentir con otros corazones (…) nos convertimos en esas otras personas. No sólo, ni fundamentalmente, para ver cómo son, sino para ver lo que ven, para ocupar por un momento sus butacas en el gran teatro, para ponernos sus gafas y contemplar desinteresadamente lo que se puede comprender, gozar, temer, admirar o festejar a través de esas gafas” (C.S. Lewis, “La experiencia de leer”)
Por un feminismo menos egoísta
21 junio 2009
Hace algunos años un grupo de pop español cantaba un estribillo pegadizo que a mí y a mis amigas nos gustaba tararear cuando estábamos quemadas con el trabajo y soñábamos con un príncipe azul que nos retirara y nos resolviera la vida: “De mayor quiero ser mujer florero”.
En realidad, la canción tenía un tono sarcástico hacia las madres y amas de casa, que no nos impedía seguir canturreándola. ¿Por qué mujeres independientes, universitarias, “liberadas”… podían sentir no obstante esa nostalgia por vivir la época que caracterizó la vida de sus madres y que tal vez hoy esté definitivamente superada?
El Guijarro ha dado cuenta hace unos días de un estudio que dos economistas americanos han llevado a cabo para medir el grado de felicidad de las mujeres, y según el cual no quedamos muy bien paradas: las mujeres occidentales son hoy menos felices que hace 35 años. No saco conclusiones, sin duda la problemática que subyace al análisis del resultado es compleja, pero conviene tenerlo en cuenta aunque sólo sea para pensar sobre el estilo de vida que llevamos y sobre cuáles están siendo nuestras prioridades.
Personalmente, creo que hubo un poco de engaño en la famosa “liberación femenina” tal como intentó venderla el movimiento feminista más radical. Había mucho de egoísmo, de individualismo, e incluso de cierto “provincialismo paleto” que cerraba el mundo de la mujer al de “su tribu”, como si pudiéramos sobrevivir sin los hombres y los niños. Es cierto que la igual dignidad de hombres y mujeres, algunos derechos de la mujer postergados demasiado tiempo, el reconocimiento del “genio” femenino o la incorporación de la mujer al mercado de trabajo fueron logros de los que todos nos congratulamos. Sin embargo, una ruptura demasiado acentuada y despreciativa del “rol tradicional” de la mujer y de las cualidades propias derivadas de su condición femenina (como si ellas no formaran parte también de la aportación única de la mujer a la sociedad), rompieron el deseado equilibrio.
Empujadas por la corriente, muchas mujeres se lanzaron a la calle como si el hogar fuera un sitio de opresión y sin haber pensado demasiado qué era realmente lo que querían hacer. Entre las múltiples consecuencias no deseadas, una de las más importantes fue el “resquebrajamiento” de la maternidad tanto en su dimensión física como en la espiritual. Por un lado la mujer ha retrasado la edad de casarse y ser madre, se ha reducido el número de hijos y los padres se ven casi siempre obligados a dejar su cuidado en manos de otras personas. Pero si es verdad que la educación corresponde en primer lugar a los padres -y yo diría que en primerísimo lugar, a la madre-, habrá que repensar el modo de no abandonar tan magna empresa. La “construcción” de un ser humano es una labor demasiado hermosa y seria como para dejarla sucumbir a la improvisación.
Chesterton afirmaba que “una madre sólo envía al niño al colegio cuando ya es muy tarde para enseñarle las cosas que de verdad importan”. ¿No es una pérdida inconmensurable, por ejemplo, que ya no se enseñe a rezar a los niños, que no se les transmita la fe? Una vida religiosa iniciada en la infancia y acompañada en su desarrollo es la mejor receta que conozco para crear personalidades sólidas. Puede parecernos más importante llevar al niño a clase de inglés o natación, pero no enseñar a nuestros hijos a relacionarse con su Creador y Padre, es mutilar una parte fundamental de su existencia y lanzarlos desprotegidos al difícil mundo de los adultos. No sé si Darwin tenía razón con su “selección natural”, pero puedo decir por experiencia que la fe religiosa es la “selección sobrenatural” que permite la evolución del ser humano hasta su plenitud.
Dora Rivas, periodista
La “Weltanschauung” europea en juego
7 junio 2009
Escribo estas líneas a pocos días de las elecciones europeas, sumida en un mar de dudas en el que considero naufragando también a gran parte de la población española. Cuando se publique, ya tendremos el veredicto de los comicios. Es imposible predecir cuál será el resultado, pero me gustaría hacer una reflexión que sobreviviera al domingo 7 de junio. Leer el resto
¡Yo tuve 13 semanas!
24 mayo 2009
Habría pocas cosas que añadir a la consideración del aborto como el crimen de un ser humano inocente e indefenso, sin embargo, esta semana han corrido ríos de tinta otra vez, porque la ministra de igualdad, Bibiana Aído, ha sentenciado ex cátedra que “un feto de 13 semanas es un ser vivo pero no es un ser humano”.
Connie Culp, más allá de un nuevo rostro
10 mayo 2009
Connie Culp apareció ante los medios de comunicación totalmente desinhibida y sin complejo alguno. Tras mantener en el anonimato su trasplante de cara, el miércoles 6 de mayo venció los últimos temores y se dejó iluminar por los potentes flashes de las cámaras. Leer el resto
Churchill fumaba y además tenía nombre de cigarrillos
26 abril 2009
Las Autoridades Sanitarias Advierten: FUMAR PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD. Bien, estamos de acuerdo. Me confieso fumador, y estoy a favor de ese tipo de campañas. Incluso, encuentro lógico que a los fumadores se nos aparte de los que no tienen porqué soportar el humo del tabaco.
Todas las campañas antitabaco tienen una razón de ser, apoyada por la lógica y el sentido común, fumar mata. Cosas que hoy nos llaman la atención, como ver a una mujer embarazada desayunando en la barra de una cafetería echándose un pitillo, o un médico pasando consulta con el cigarrillo entre los labios, prácticamente han desaparecido. Pero no nos engañemos, hasta hace bien poco, eso era normal. Leer el resto
De la pobreza, los políticos y otras especies
26 abril 2009
En Argentina, el país donde nací, la crisis económica no era nunca noticia, era el pan nuestro de cada día. Recuerdo que a principios de los 90, mientras yo me instalaba en España y pedía despreocupadamente un crédito para comprarme la nevera o la lavadora (para un argentino la posibilidad de comprar a cuenta era algo así como haber recuperado el paraíso perdido), mi madre sufría una de las lacras permanentes de la economía argentina: la inflación. En esos años, la inflación condujo en el país a situaciones tan surrealistas como la de tener que dejar en la caja del supermercado algún producto adquirido sólo tres o cuatro minutos antes, porque durante ese tiempo, se había duplicado su precio. Eran los años dulces de la economía española y los argentinos huíamos despavoridos del país en busca de la tierra prometida.
Ahora que la crisis económica se ha puesto tristemente de moda en España (¿no será que los argentinos la trajimos puesta?), me asaltan tentaciones inverosímiles, por ejemplo, la de hacer una lista de los políticos que han muerto pobres (hasta en Argentina había alguno, no es broma).
A poco que lo pensemos, tiene su importancia. Aparte de que la muerte dice mucho de la vida y saber cómo ha muerto una persona es una fuente de información riquísima sobre su trayectoria vital, no hay que olvidar que un político elige esta profesión para servir, y no para enriquecerse, si es que todavía creemos lo que nos dicen. Pero los hechos ensombrecen un día sí y otro también ese altruismo casi místico que pregonan desde sus tapizadas butacas de parlamentarios. Coches de lujo, despachos caprichosamente redecorados, comidas en los mejores restaurantes…, cuando no enriquecimientos ilícitos abusando de sus cargos, dan al traste con nuestro empeñado afán de seguir creyendo en quienes nos representan en democracia.
El retrato que resulta se ajusta más al del “amo” que al del “servidor” vocacional. No hay duda de que el cargo da a muchos políticos la oportunidad de llevar una vida “cómoda”, pero políticamente, es mucho más rentable la austeridad personal (y personalmente, es infinitamente más rentable la austeridad). De verdad, la ‘pobreza’ del político sería un caladero de votos más importantes que cualquier propaganda. Conmigo funcionó.
En una ocasión tuve la oportunidad de asistir a una conferencia que impartía un político español muy conocido y de estar luego a unos pocos centímetros de él en un corrillo con los periodistas. La cercanía permitió que mi grabadora se quedara con sus palabras, pero personalmente, me regaló algo mucho más valioso: la visión de un cuello de camisa raído y la inmediata percepción de estar ante un hombre honesto y austero. Ese “insignificante detalle” -una camisa sometida a numerosos lavados, que parecía mantener la esperanza de seguir sirviendo a su propietario durante algún tiempo-, fue para mí definitivo. El individuo que la lucía se convirtió en un personaje de referencia al que he procurado seguir en sus intervenciones, que me confirman sistemáticamente aquella primera impresión de hombre justo. Lamento no poder dar su nombre (teniendo en cuenta que es un candidato actual al Parlamento Europeo, estaría haciendo campaña), pero su ejemplo es real y válido desde el anonimato.
Bueno, mi intención no es meterme con los políticos, o en todo caso, sólo un poco. Pero la pobreza va más allá de los políticos y nos afecta a todos. Estoy cada vez más convencida del daño que los bienes excesivos producen al ser humano, sea éste político, verdulero, periodista o sacerdote. Le quita libertad, lucidez, le vuelve egoísta, le instala en un materialismo impermeable a lo trascendente, atrofia su capacidad de disfrute… si me apura, le diría que “le deshumaniza”.
El Evangelio aconseja la pobreza, aunque a muchos católicos nos consuele pensar que no se condena tanto el “poseer” riquezas como el “apego” a ellas (en el fondo no es más que un autoengaño para seguir siendo “ricos” sin cargo de conciencia). Pero parece claro que el apegarse sigue al poseer, y que no se está apegado a lo que no se posee; es decir que, en principio, es más difícil estar desapegado cuando se tiene que cuando no se tiene. Sé que este planteamiento es heroico en una sociedad y un tiempo en el que todo está “al alcance de la mano”, pero es igualmente necesario. ¿Y si probamos a decir que no a la tercera caña? ¿Y si entramos en El Corte Inglés de excursión, sólo para sentirnos felices de las numerosas cosas que se venden y no necesitamos? ¿Y si nos desafiamos a donar a alguna obra de caridad el dinero que íbamos a destinar a nuestro enésimo traje? ¿Y si…?
¿Quién sabe? A lo mejor si “soltamos peso”, si nos entrenamos de vez en cuando en el deporte del “dar”, del “regalo”, del “desprendimiento”… podemos sentar las bases de una solución a la famosa crisis económica que trae de cabeza a los estrategas, y que me parece a mí que tiene más que ver con el comportamiento personal de cada uno que con recetas de libro.
Dora Rivas, periodista
Los límites infranqueables de la libertad
21 diciembre 2008
A lo largo de la historia el hombre ha librado innumerables batallas, ondeando en sus manos la bandera de la libertad, hoy nos preguntamos si en realidad la hemos conquistado, y en tal caso, ¿por qué no nos sentimos libres? ¿Dónde está esa libertad?
La libertad interior humana no tiene fronteras, ni momento histórico, ni tampoco medida física, y es que, el hombre, aún incluso privado de su libertad exterior o de movimiento, encuentra un profundo y apasionante camino, el que le brinda su libertad interior, mucho más rico y saciante, libertad que no podrá serle arrebatada, jamás podrá ser torturada, ni aniquilada, porque esa libertad está en el corazón del hombre, en lo más hondo de su alma, de un alma que es inmortal.
Decía Edith Steín, que “el hombre está llamado a vivir en su interior y a ser tan dueño de sí mismo como únicamente puede serlo desde allí; solo desde allí es posible un trato auténticamente humano aun con el mundo; solo desde allí puede hallar el hombre el lugar que en el mundo le corresponde…el hombre ha sido construido dueño de ese reino suyo íntimo; puede mandar en él con entera libertad; pero también le incumbe el deber de guardarle como tesoro precioso que le ha sido confiado…, la misteriosa grandeza de la libertad personal estriba en que Dios mismo se detiene ante ella y la respeta”. Leer el resto
La placa de la discordia
23 noviembre 2008
“Hay que hacer la guerra más dura, que es la guerra contra uno mismo. Hay que llegar a desarmarse. Yo he hecho esta guerra durante muchos años. Ha sido terrible. Pero ahora estoy desarmado. Ya no tengo miedo a nada, ya que el Amor destruye el miedo” (Atenágoras I, patriarca de Constantinopla)
He elegido esta cita como una mínima presentación personal. Inauguro mi colaboración en “El guijarro blanco” tomando prestado un texto que he hecho mío desde el primer momento, porque lo que al leer golpea nuestro corazón, nos pertenece ya de alguna manera. Me gustaría que quienes lean desde ahora “Lo nuevo y lo olvidado”, puedan también considerarse dueños de las palabras aquí volcadas, enriquecerlas con sus pensamientos, corregirlas cuando hiciera falta.
Quiero hoy referirme a la desproporcionada reacción que ha tenido la sugerencia de un diputado nacional. La idea de poner en el Congreso una placa a santa Maravillas de Jesús, ha desatado la furia de la izquierda (con alguna excepción), que no ve prudente que una religiosa tenga una placa en tan magna institución civil –en una de cuyas dependencias nació y vivió- no sea que confundamos qué es la Iglesia y qué es el Estado. ¿Alguien se traga el argumento? Leer el resto


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.

