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Los límites infranqueables de la libertad

21 diciembre 2008

A lo largo de la  historia el hombre ha librado innumerables batallas, ondeando en sus manos la bandera de la libertad, hoy nos preguntamos si en realidad la hemos conquistado, y en tal caso, ¿por qué no nos sentimos libres?  ¿Dónde está esa libertad?

La libertad interior humana no tiene fronteras, ni momento histórico, ni tampoco medida física, y es que, el hombre, aún incluso privado de su libertad exterior o de movimiento, encuentra un profundo y apasionante camino, el que le brinda su libertad interior, mucho más rico y saciante, libertad que no podrá serle arrebatada, jamás podrá ser torturada, ni aniquilada, porque esa libertad está en el corazón del hombre, en lo más hondo de su alma, de un alma que es inmortal.

Decía Edith Steín, que “el hombre está llamado a vivir en su interior y a ser tan dueño de sí mismo como únicamente puede serlo desde allí; solo desde allí es posible un trato auténticamente humano aun con el mundo; solo desde allí puede hallar el hombre el lugar que en el mundo le corresponde…el hombre ha sido construido dueño de ese reino suyo íntimo; puede mandar en él con entera libertad; pero también le incumbe el deber de guardarle como tesoro precioso que le ha sido confiado…, la misteriosa grandeza de la libertad personal estriba en que Dios mismo se detiene ante ella y la respeta”. Leer el resto

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Una mirada amorosa o el lenguaje de los afectos

16 noviembre 2008

Una mirada amorosa del que nos quiere, es el agua dulce que calma la sed del corazón humano, su dulzura y su sabor despiertan los sentidos y alegran el alma. Dice Miguel-Ángel Martí García, que “los afectos son la sonrisa del corazón” que “son los verdaderos nexos que unen a los seres humanos”, “tratándose de las relaciones humanas es el cariño, manifestación suprema de nuestra consideración a los demás”.

Pues bien, hoy gran parte de esta sociedad no sonríe, o quizás… se ría, pero con una risa alocada y descontrolada, sin ningún tipo de orden, ni razón, busca desesperadamente un bienestar personal, tiene el hedonismo como huésped de su corazón, y la locura, en la palma de su mano.

En un mundo individualista, los afectos entran dentro de una relación puramente mercantilista, se usan, se disfrutan, se abandonan y como el relativismo moral imperante lo permite todo o casi todo, invocando a la subjetividad de la conciencia se acalla cualquier brote de remordimiento, como ejemplos basta ver el uso del sexo como un mero bien material o la manipulación descontrolada de embriones humanos usados a capricho de los hombres y sus deseos, no hay mas que observar el trato que se les da en un laboratorio, por no hablar del aborto y sus consecuencias. Así al degradar la naturaleza humana a su uso y disfrute, nos encontramos con una sociedad en la que no cabe la donación sino el puro trueque mercantil, no se regala nada. Leer el resto

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