Al filo del Adviento
23 noviembre 2008
Se acaba Noviembre, mes del recuerdo para nuestros muertos. Noviembre que tan benigno ha sido este año, aunque los fríos tempranos trajeron las grullas a Gallocanta desde finales de octubre.
Flores para el recuerdo de quienes quisimos, a quienes queremos todavía. “In God’s own time we shall meet again”, lo leí en una lápida de un cementerio inglés, me gustó.
El pasado domingo en Misa leímos lo de la mujer hacendosa, siempre me ha encantado lo de que va a buscar el lino y tejerlo, me recuerda a tantas mujeres que conozco. Las llamo mujeres ratón, esas que sin mucho ruido y como ratoncillos juntan hilitos, hacen nido, evitan el cepo. Leer el resto
Sín ti, sí soy alguien…
12 octubre 2008
Llevo desde hace años pensando que en este tema de la violencia doméstica hay algo que se nos escapa, que no se dice, quizás porque es más fácil cargar la mano sobre el género -los tíos como los malos- y obviar algunas cuestiones que en pleno siglo XXI no son fáciles de reconocer.
Creo que hay mucho cafre, pero creo también que los cafres se crecen porque algunas mujeres se cuelgan de los cafres y piensan que sin ellos no son nada.
Es un tema de dependencia mental, física, de encoñamiento, con perdón. Es un tema que con todo lo que hemos andado en el siglo pasado y en éste las mujeres, se nutre de otro que sigue machacón: no eres nada sin un hombre al lado. Nótese que no digo sin un marido, sino sin un tío. Hay que tener un tío a cualquier precio, si no, no vales. Cualquier tío, al final es cualquiera… que suelen ser los peores.
Yo veía Sexo en Nueva York -que era un rollo enorme, por cierto- y lo que detectaba era tres tipas detrás de los pantalones como razón de sus vidas, con una argumentación muy en plan Cosmopolitan, muy Shera Hite, muy lo que Vd. quiera. Pero que NO podrían vivir sin un tío. Y si el tío es gilipollas, mejor. Porque si el tío “está por ellas” entonces ya no: es demasiado blandito, un tipo te tiene que dar guerra, en todos los sentidos. Leer el resto


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.

