“Y la muerte no tendrá señorío”, Dylan Thomas
29 noviembre 2009
Y la muerte no tendrá señorío.
Desnudos los muertos se habrán confundido
con el hombre del viento y la luna poniente;
cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios,
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá señorío.
Y la muerte no tendrá señorío.
Bajo las ondulaciones del mar
los que yacen tendidos no moriran aterrados;
retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden,
amarrados a una rueda, aún no se romperán;
la fe en sus manos se partirá en dos,
y los penetrarán los daños unicornes;
rotos todos los cabos ya no crujirán más;
y la muerte no tendrá señorío.
Aunque las gaviotas no griten más en su oído
ni las olas estallen ruidosas en las costas;
aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten
ya más la cabeza al golpe de la lluvia;
aunque estén locos y muertos como clavos,
las cabezas de los cadaveres martillearan margaritas;
estallarán al sol hasta que el sol estalle,
y la muerte no tendrá señorío.
“Confesión”, Charles Bukowski
22 noviembre 2009
Esperando la muerte/como un gato
Que va a saltar sobre/la cama
Me da tanta pena/mi mujer
Ella verá este/cuerpo
blanco/rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás/otra: “¡Hank!”
Hank no/responderá.
No es mi muerte lo que/me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este/montón de/nada.
Quiero que/sepa/sin embargo
Que todas las noches/que he dormido a su lado
Incluso las discusiones/más inútiles
Siempre fueron/algo espléndido
Y esas difíciles/palabras
Que siempre temí/decir
Pueden decirse/ahora:
Te amo
“Me pregunto si es cosa de la edad”, Carmen Jodra
15 noviembre 2009
Me pregunto si es cosa de la edad
o fruto de una mente depravada;
en uno u otro caso, jamás nada
puede apartarme de mi única idea.
Cada cosa que miro se recrea;
la inocencia del mundo, transformada,
me estremece; la carne delicada
se pudre con extraña enfermedad.
Suena un violín, y yo escucho un gemido;
miro andar a mi gato, y sólo veo
el movimiento firme y repetido;
oigo al viento soplar, y oigo un jadeo.
y un mundo diferente, enfebrecido,
agita con su vista mi deseo.
“Canto de respuesta”, Alda Merini
8 noviembre 2009
Haber estado en ciertos lugares tristes,
cultivar fantasmas,
como dices tú, atento amigo mío,
no da derecho a creer que dentro
dentro de mí continúe la locura.
He seguido siendo poeta hasta en el infierno
sólo que yo buscaba de Eurídice
la casta sombra y no tengo más palabras…
Ésta, Franco, la tierna respuesta
a tu dilema: yo soy poeta
y poeta seguí siendo tras los barrotes;
sólo que afuera, sin casa y perdida
he continuado a mi pesar el canto
de la tristeza, y dentro de cada flor
de mi voz existe aún la esperanza
de que nada haya sucedido que devaste
mi surco de luz y haya perdido
la verdadera llave que me cierra a la verdad.
“Hijo mío”, Leopoldo Panero
1 noviembre 2009
Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.
Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.
Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,
me arrastras de la mano… Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.
“En silencio juegas a desordenarme” de Xavier Barneys
25 octubre 2009
En silencio juegas a desordenarme
las cosas que el pudor no enseña.
A mis huesos les pones otro nombre,
se hacen de arena, se arriman a las nubes.
Me protege la camisa de que tu voz
llegue a mi piel, abriéndole soles más altos.
Mis pulmones son pieza delicada,
si te callas, sus manos de mariposa
pierden arrugadas los colores.
Y esa risa tuya que me agarra por los pies,
me hace preso y feliz,
no es clemencia lo que exijo,
pues la condena de oírte me abre un planeta.
Ya no puedo mirarte sin poner la vida boca abajo.
¿Por qué siendo hombre y distinto a tu figura
quiere mi cuerpo llegarse a ti?
¿No le bastan las palabras que me escribes?
Una uña pide un dedo, y el dedo una mano.
¿Dónde te acabas?
No sabría cómo empezarte.
Con una lágrima piden los niños una madre.
Con otra lágrima, más huérfana si cabe,
ruego tocarte un labio.
Rainer M. Rilke, “Para Lotte Bilitz”
18 octubre 2009
Es difícil el descenso hasta Dios. Pero mira:
te agotas de llevar los cántaros vacíos,
y de pronto, resulta que ser niño, joven, mujer,
basta para que él quede satisfecho sin fin.
Él es el agua: limítate a hacer sólo
una taza con tus manos juntas,
y arrodíllate luego. Pródigamente
hará rebosar tu límite más alto.
“Everness”, Jorge Luis Borges
11 octubre 2009
Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.
Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.
Y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores
y las puertas se cierran a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.
Oda a la desesperación, Jan Twardowski
4 octubre 2009
¡Pobre desesperación,
íntegro monstruo!
Aquí te atormentan terriblemente:
los moralistas te ponen la zancadilla,
los ascetas te dan patadas,
los médicos recetan pastillas para que te marches,
te tildan de pecado…
Y sin embargo, sin ti
yo acabaría sonriendo sin parar, como un lechón bajo la lluvia,
caería embelesado cual ternero,
me volvería inhumano,
aterrador como un drama sin actores,
inmaduro frente a la muerte,
solo en mi propia compañía
“Voz”, Elsa Cross
27 septiembre 2009
Tu voz contra el atardecer.
El viento empuja
sobre el cristal
las ramas de los altos encinos.
Tu voz llena el espacio.
Y no hay instrumentos
para tu canto.
Tu voz dibuja signos en el viento.
La noche
va bordeando en silencio
ese núcleo
donde la luz se detiene todavía
mientras tu voz,
tu voz sola
borra el instante.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.

