Olivier Messiaen, creación y contemplación
19 octubre 2008
Hay compositores que son grandes músicos. Otros son la música. Messiaen es la música. Como lo son por ejemplo Mozart, Beethoven, Schubert o Bach. Igual que ellos, Messiaen es transparente, artesanal, sincero y espiritual. A veces, en la vida, descubrimos en nosotros valores y sentimientos que no sabíamos ni que teníamos, nos pasa amando a nuestra familia, hablando con nuestros amigos, caminando por la naturaleza, pero también nos sucede a través de la música.
Messiaen abre horizontes nuevos dentro de uno: analizando su música, trabajándola, escuchándola, tocándola, se puede abrir los ojos a bondades nuevas como “no juzgar”, “no tener prisa”, “contemplar el mundo” o “admirar al hombre”.
Ahora, cuando se cumple el centenario de su nacimiento, es momento de hacer una llamada a todos aquellos que se aferran desesperadamente al pasamanos de los siglos XVIII y XIX, que tengan la valentía de caminar solos, sin la seguridad inequívoca de Las cuatro estaciones o el Lago de los cisnes. “Es que la música de Messiaen no la entiendo” dicen todavía algunos melómanos deseosos de dar el siguiente paso. Es que no se trata de entender. ¿Acaso para disfrutar de una puesta de sol hay que entenderla? Se trata de sentir. Con Messiaen se puede sentir lo grande y lo pequeño, lo humano y lo divino, lo efímero y lo eterno, ser buscador de alguna hondura o ser cazado por algo que tiene que ver con la propia vida. Leer el resto


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.

