Aproximación a un cuento de José Jiménez Lozano: «La traición» o el viaje del conocimiento
19 octubre 2008
Este cuento de José Jiménez Lozano, recogido en La piel de los tomates Madrid: Ediciones Encuentro, 2007), relata el paseo de tres amigas –María, Margarita y Eloísa–, antes de ir a misa de siete y media a las Carmelitas Descalzas en una ciudad española. Aunque la tarde seleccionada parece una más de la que las tres amigas pasan juntas, pronto se nos irá desvelando que algo extraño va a suceder.
En «Aquella tarde de marzo» comienza a llover y las tres amigas, contra su costumbre, deciden entrar en el teatro a ver la obra titulada Las hijas de Eva. Esta decisión desencadena una serie de hechos que tensarán y harán de esa tarde un tiempo especialmente dramático. La obra representa el baile de unas monjas desnudas al ritmo de música gregoriana. Las tres amigas, horrorizadas, intentan salir de la sala, pero no pueden, por eso deciden cerrar los ojos y rezar hasta que acabe la función.
En mi lectura del cuento señalaré dos elementos que están estrechamente relacionados: la oposición ‘vejez’/‘juventud’, y la historia desde la traición a la misericordia, que resulta posible gracias a un extraño encuentro. Indudablemente, la grandeza del cuento está en la unidad entre estos dos aspectos. Leer el resto


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.

