El cambio climático y el jardinero inteligente
29 noviembre 2011
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
Un poeta lo dijo muy bien, el primerísimo Luis Cernuda en esa maravilla de poemario que es “Ocnos”. Es una pena que del catálogo de Cernuda a veces nos saltemos este primer aliento de recuerdos de su infancia. En “El magnolio” habla de esa belleza no inteligente de la Naturaleza, la inteligencia es asunto del observador: “Aunque a veces lo deseara de otro modo, más libre, más en la corriente de los seres y de las cosas, yo sabía que era precisamente aquel apartado vivir del árbol, aquel florecer sin testigos, quienes daban a la hermosura tan alta calidad”.
Como ha empezado la cumbre del cambio climático en Durban, he querido recordar que las medidas y acuerdos que se logren (que no ocurrirá de ningún modo), deberían tener en cuenta las palabras que el Papa pronunció el pasado domingo: “La salvaguardia de lo creado postula la adopción de estilos de vida sobrios y responsables, sobre todo hacia los pobres y las generaciones futuras. Para garantizar el pleno éxito de la conferencia, invito a todas las personas de buena voluntad a respetar las leyes establecidas por Dios en la naturaleza y a redescubrir la dimensión moral de la vida humana“.

El hombre es el jardinero inteligente que debe reinventar fórmulas para cultivar un terreno habitable para los más necesitados y para las siguientes generaciones.
El Papa pidió además credibilidad a los asistentes, porque se huele un coladero de irresponsabilidades en cadena.De hecho, es la reunión de los países de la comunidad internacional en la que se recicla más material. Pero no papeles, sino discursos. Son los mismos de todos los años adaptados para evitar el correctivo de los avispados. Como ni EEUU ni China piensan cerrar el grifo de la contaminación, tampoco lo harán Canadá Rusia o Japón.
Javier Alonso Sandoica


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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