China por dentro
22 noviembre 2011
La información sesgada que tenemos sobre China tiene su origen en Napoleón. Como dijo aquello de que cuando China despierte el mundo temblará, creemos que su definición cumplida tiene que ver con un gigante que se despereza y echa a andar por un mundo que va haciendo suyo, como el que recoge margaritas del campo. Por eso, los medios de comunicación sólo hablan de ese gigante que hace acuerdos con Iberoamérica, con África, con EEUU (esta semana han sido cinco los acuerdos comerciales), etc.
Sin embargo son pocas las voces que muestranel tejido oculto, la verdadera traza de China. Liu Xiaobo, el escritor que fuera galardonado con el Nobel de la Paz el año pasado, y se quedó sin recogerlo por encontrarse en prisión, es una de esas voces lúcidas que critica a un país que vivió el “engaño fanático del comunismo”, que ahora vive en el “chantaje de la promesa del pequeño bienestar”, y que antes como ahora, ha puesto su casa “en el desierto de lo humano”. RBA acaba de publicar una recopilación de artículos de Xiaobo con el título “No tengo enemigos, no conozco el odio”.
Recuerdo la semana que anduve en Beijing. En un baratillo de la plaza de Tiananmen mostré una cruz a diferentes grupos de jóvenes, y pregunté si sabían quién era aquel hombre. Todos alzaron los hombros en señal de desconocimiento, y se reían con esa risa china que esconde perplejidad. Xiaobo pone letras a ese erial de espíritu de su país. Dice que en la historia china no existe una definición de “persona” como la occidental. Ya sea por el peso de las diferentes dinastías o por la dictadura comunista, el ser humano siempre ha sido el complemento de una masa, recuérdese a Mao: “¡seréis para siempre los tornillos de la gran factoría revolucionaria!”.
Por eso a poetas como Lu Xun, uno de los grandes, le costaba trabajo entrar en sí mismo. Nos lo dice Xiaobo: “Xun no quiso someterse a un diálogo trascendente con su propio corazón bajo la mirada de un Dios, y eso que sabía que ningún valor mundano podía solucionar la profunda esquizofrenia del corazón”. Al tiempo, Xiabo abronca al Occidente, que ha vulgarizado a Dios, “la definición de lo divino se parece a veces al rock and roll, un tipo de entretenimiento en lugar de una introspección dolorosa”.
Xiaobo sigue en prisión.
Javier Alonso Sandoica


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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