¡Comprometeos!
27 junio 2011
Iba a escribir sobre la influencia de las religiones tradicionales en Hemingway, que llegó a apuntar con su Remington a unos obreros dispuestos a cortar una raíz de ceiba que se había colado en su casa de Cuba. “¡La ceiba es un árbol sagrado!”, les gritó. Pero me acabo de leer “¡Comprometeos!” de Stéphane Hessel, y me he quedado con una pizca de indignación (alusión explícita a su primer libro). Leer el resto
El Rocío por dentro
13 junio 2011
Desde que el beato Juan Pablo II se asomara al balcón de la ermita del Rocío en el año 1993 y pronunciara la famosa frase “el mundo entero tiene que ser rociero“, el almonteño de a pie lleva muy a gala el triunfo de un título que ya no es asunto del terruño y la marisma, sino universal. Inmaculada Galván y yo hicimos la transmisión de la fiesta del Rocío el pasado fin de semana en 13TV. Leer el resto
El sacerdote, amigo del artista
6 junio 2011
Yo diría que la proximidad del sacerdote con un artista resulta casi ineludible. No hay oficio humano que el sacerdote comprenda mejor que ese “estupro de la nada”, como Claudio Magris denominara a la aventura del hombre que resuelve en belleza lo que toca. Leer el resto


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.

