Obama desilusiona: sobre la protección de fuentes confidenciales de periodistas
2 mayo 2010
La pasada semana publicaba el New Yorker una viñeta más bien cínica, o quizá crítica con el cinismo de quien juzga desde la superficialidad del comentarista engreído que pontifica “Obama tiene el potencial de desilusionar a toda una nueva generación”…
Sucede que acaba de escribir Nicholas Kristof en el NY Times (Going After a Reporter’s Sources — Change We Can Believe In?), algo que -en traducción rápida- dice así:
“Pues mire usted, este era un punto de discusión constante durante la administración Bush. La fiscalía citaba a periodistas para encontrar sus fuentes confidenciales, y los tribunales amenazaban con echarlos en la cárcel si se negaban a revelar las fuentes.
Habíamos pensado que la administración Obama sería diferente, que no quisiera amenazar y encarcelar a los periodistas. Pero, por desgracia, el Departamento de Justicia de Obama ha citado a mi colega del Times, James Risen. Hablando, obviamente, no sólo por mí, sino por mi institución, esto me parece totalmente decepcionante. (…)
Conviene mantener algunos secretos nacionales, y los fiscales tienen interés en hacer cumplir la ley. Por otro lado, necesitamos medios de comunicación vigorosos que traten de descubrir escándalos y abusos. Pienso que la historia nos sugiere que debemos ser muy reacios a incidir en que la libertad de prensa con citaciones judiciales a los reporteros y metiéndolos en la cárcel.
No es que los periodistas deban estar por encima de la ley. Pero hay que reconocer que se sirve el interés público sin forzar a determinados tipos de personas a revelar información.
Los abogados no tienen por qué revelar confidencias de sus clientes. Los maridos y las esposas no tienen que delatar el uno al otro. El clero no tiene que revelar lo que se les dice en algunas situaciones.
Yo diría que en el interés público es vital la búsqueda de la verdad, y la prensa “agresiva” es al menos tan grande como en esas otras excepciones. (…)”
Son coincidencias, pero no necesariamente casuales.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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