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La lista negra de Shanghai

2 mayo 2010

Feng Zhenghu no está en la lista. La de invitados a Shanghai 2010, esto es. Desde la ventana de su apartamento en uno de los suburbios de la ciudad se puede ver a los agentes de la Oficina de Seguridad que vigilan todos sus movimientos. 24 horas al día. Siete días a la semana. A los ojos de la dictadura china, el activista es un peligro para la seguridad de la Exposición Universal después de haber propuesto una exhibición alternativa: la Exposición de Injusticias del Gobierno chino.

“Entraron en mi apartamento y se llevaron mis ordenadores”, dice Feng. “Me vigilan todo el tiempo”.

La lista de personas que han visto coartada su libertad por intentar empañar la puesta de largo de Shanghai es larga. El Gobierno ha encarcelado a familias que han protestado el derribo de sus viviendas para hacer sitio a las nuevas infraestructuras, ha puesto bajo arresto domiciliario a decenas de disidentes locales y ha expulsado de la ciudad a mendigos y campesinos inmigrantes, muchos de ellos utilizados meses atrás para construir las nuevas carreteras y puentes de la ciudad.

Mientras las televisiones mostraban este viernes el espectacular show de fuegos artificiales que inauguró la Exposición Universal, cientos de policías forzaban a los habitantes de barrios cercanos al recinto a permanecer en sus casas.

Los mercados de la zona llevan días cerrados para hacer sitio a las limousines de las autoridades -los comerciantes dicen estar amenazados con la ruina- y los accesos a varias calles permanecen cerrados incluso para los residentes.

“Llevamos meses igual. Dicen que es la Expo del pueblo, pero nosotros somos el pueblo y no podemos verla”, protesta Hu, un vecino indignado por las redadas policiales de la pasada anoche.

shangaiChina ve en Shanghai 2010 otra oportunidad para mostrar al mundo sus logros en las últimas tres décadas de apertura económica y confirmar su status como nueva gran potencia internacional. Los líderes chinos no están dispuestos a que nada estropee un evento que, al igual que los Juegos Olímpicos de 2008, tiene el objetivo adicional de exaltar las cualidades del Partido Comunista y legitimar su monopolio en el poder.

Las organizaciones de Derechos Humanos han denunciado la contradicción de elegir una dictadura para exhibir lo mejor que el mundo tiene que ofrecer. Pekín es el país que más reos ejecuta en el mundo y aumenta regularmente la represión sobre sus disidentes en las fechas previas y durante la organización de grandes eventos. Sucedió en los Juegos Olímpicos de Pekín hace dos años y se ha repetido en Shanghai 2010.

Una operación llevada a cabo por más de 30.000 agentes el mes pasado terminó con el arresto de 6.000 personas, muchas de ellas detenidas con la única intención de retenerlas hasta que la Expo hubiera sido inaugurada.

El férreo control sobre la percepción que el público chino debe tener sobre la Expo ha llevado al Departamento de Propaganda a enviar circulares a todos los medios con estrictas normas sobre lo que pueden y no pueden contar. Zhu Di, editora del sureño diario Nanfang Dushi Bao, fue sancionada el pasado 17 de abril por escribir un artículo bajo el título “Amar a tu país no quiere decir amar a tu Gobierno”. La pieza no contenía críticas al Gobierno: Zhu sólo perderá su empleo.

La prensa local pues sólo ha tenido la opción de alabar la organización de la Expo y ocultar los fallos –largas colas, falta de servicios y protestas de los visitantes- surgidos en los ensayos previos a la apertura del recinto. Ninguna pregunta sobre los costes (más de 32.000 millones de euros) o la posibilidad de haber empleado el dinero en desarrollar zonas más necesitadas del oeste de China.

La censura ha afectado incluso a Hong Kong, que supuestamente disfruta de autonomía. Los periodistas del ‘Apple Daily’, uno de los mayores diarios de la ex colonia británica, han sido vetados y sus visados denegados ante la posibilidad de que fueran críticos con la Exposición Universal o el gobierno chino. “Ciudad Bajo Vigilancia. Vidas Vigiladas sería un eslogan más apropiado para el evento”, aseguran desde Reporteros sin Fronteras, negando el lema oficial Mejor Ciudad, Mejor Vida.

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