“Fish tank” de Andrea Arnold, puro realismo social británico
2 mayo 2010
Esta película de la directora británica Andrea Arnold se inscribe en el más puro realismo social británico del que hace 20 años Ken Loach era su mejor exponente.
Nos cuenta la historia de Mia, una adolescente de catorce años, intratable y problemática a causa de una experiencia familiar desestabilizante. Su madre lleva una vida inestable, de juerga en juerga y de hombre en hombre. Lo único que motiva un poco a esta chica es el baile moderno. Todo parece cambiar a mejor cuando conoce a Connor, el nuevo amante de su madre. Parece sensible y con una capacidad educativa superior a la de su madre. Pero cuando Connor muestre su verdadero rostro, Mia ya no tendrá en quien confiar.
La película está rodada con buen pulso, lenguaje narrativo moderno, con mucha cámara en mano, planos secuencia y un formato de pantalla ya en desuso. Los actores no profesionales son muy creíbles y el retrato que hace de los ambientes más deprimidos de la sociedad de consumo es crudo y realista. Pero al film le falta una luz, un punto de fuga, un mínimo de positividad humana plausible. Por ello el resultado es claustrofóbico, nihilista, muy alejado del utopismo del primer Ken Loach.
Juan Orellana


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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