El Cristo del Ayuntamiento de Zaragoza hace perder al laicismo una importante batalla
2 mayo 2010
Hasta el socialista Juan Alberto Belloch, alcalde de la ciudad, estaba en contra de lo que pretendía el MHUEL (Movimiento Hacia Un Estado Laico), pero cada vez que una denuncia contra un crucifijo llega a un juzgado, todo queda al albur de la resolución concreta. Esta vez los fundamentos de la sentencia no dejan lugar a dudas sobre qué es y qué no es aconfesionalidad del Estado.
El titular del juzgado número 3 de lo contencioso-administrativo de Zaragoza, Luis Carlos Martín, ha desestimado el recurso del Movimiento Hacia Un Estado Laico (MHUEL) para retirar del consistorio de la capital aragonesa el crucifijo del siglo XVII que preside sus sesiones plenarias.
El boicot al Cristo del Ayuntamiento había sido rechazado tanto por el pleno como por el alcalde, el socialista Juan Alberto Belloch, pero en septiembre de 2009 dicha organización laicista acudió los tribunales.
El juez sentencia ahora que no hay ninguna norma en el ordenamiento jurídico español que impida la visibilidad en una institución pública de una imagen religiosa con valor cultural o artístico, como es el caso, y que además no ha sido colocada ahora, sino que lleva en el Ayuntamiento tres siglos.
Es más, afirma el magistrado, «el hecho de eliminar toda manifestación de tipo religioso a ultranza, cualquiera que sea su signo, vendría a dar prioridad a una determinada consideración del fenómeno religioso, como es el agnosticismo», más aún si la imagen es «uno de los elementos más importantes de la historia del municipalismo» en Zaragoza y «forma parte de una tradición», siendo uno de los elementos de mayor valor artístico de la colección del Ayuntamiento.
En este sentido, la sentencia recuerda que el escudo de Aragón, reconocido en el Estatuto de Autonomía vigente, incluye tres cruces: si, en aplicación del principio de aconfesionalidad del Estado, se suprimieran las tres cruces, «habría que convenir que dicho escudo ya no sería el de Aragón».


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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