Casi cinco millones de niños trabajan en México, 600.000 como jornaleros
2 mayo 2010
Basta un poco de observación en las calles de la capital de México para comprobar que los niños de este país no están protegidos contra su explotación laboral y que desde muy temprana edad muchos comienzan a trabajar en lugar de acudir a la escuela. Pero, aun así, sorprende conocer su cifra: casi cinco millones de menores de entre seis y 14 años trabajan.
Lo dice el informe que ha presentado el fin de semana pasado la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que desvela, además, las terribles condiciones en las que los pequeñajos se incorporan al mercado laboral. Por ejemplo, 1,3 millones ni siquiera obtiene una remuneración más allá de la propina que puedan darles. Y 600.000 lo hacen como jornaleros en el campo.
“A pesar de tener derechos reconocidos por diversos instrumentos internacionales y por la legislación nacional, la niñez mexicana está expuesta a la explotación laboral”, ha denunciado la CNDH en un comunicado de prensa.
La realidad revela que basta con que tengan seis años para que los pongan a partirse el lomo en la agricultura, con jornadas de ocho a 14 horas y expuestos, sin protección alguna, a pesticidas y condiciones climatológicas extremas.
La infancia mexicana, sostiene la Comisión, “padece constantemente violencia, explotación y abuso” y corre el riesgo de “ver afectado su desarrollo físico, mental y moral”. Por ello, reclama de las autoridades mexicanas “una vigilancia más efectiva, además de trabajar en el reconocimiento y respeto del derecho de la infancia mexicana a la alimentación, atención médica, educación y un sano esparcimiento y desarrollo”.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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