La importancia del velo islámico
25 abril 2010
En España comienza a debatirse un tema que ha tenido diferentes soluciones en otros países como Bélgica, Suiza o el Reino Unido. Un instituto público de Pozuelo de Alarcón (Madrid) se ha convertido en noticia de primera plana, porque sus normas no permiten que los alumnos acudan al centro con la cabeza cubierta, ya sea con un pañuelo, un velo, una boina o una gorra. En un principio, se trata de establecer criterios de urbanidad y comportamiento cívico.
Una chica musulmana de origen marroquí, que hasta hace poco no usaba pañuelo para cubrirse la cabeza, ha empezado a llevar esta prenda, en clara desobediencia a las directrices sobre vestimenta dentro del instituto. El centro, para hacer cumplir sus normas, no admite excepciones e impide que la joven permanezca dentro del centro docente con la cabeza cubierta. Mohamed Malha, el padre de esta chica y preboste de la comunidad mahometana en Pozuelo de Alarcón, ha comenzado una campaña para lograr que su hija no se quite el pañuelo en el aula.
En torno a la actitud del padre marroquí se ha originado un debate que afecta a otros aspectos de la inmigración, el Islam, la educación y los valores occidentales. De una parte, los representantes islámicos –como el padre de esta chica– se empeñan de manera denodada en defender el pañuelo u otras formas de velo musulmán. De hecho, Mohamed Malha prefiere tener a su hija fuera del instituto, con tal de que siga llevando el pañuelo islámico. Piden para sí mismos el derecho a ser la excepción de la norma: ningún alumno del instituto puede estar en clase con una gorra de béisbol, pero a esta chica hay que permitirle el pañuelo. Las organizaciones musulmanas en España se han tomado esta anécdota personal como “casus belli”: el presidente de la Federación de Entidades Religiosas Islámicas de España pretende iniciar acciones legales contra el instituto, con un recurso ante el Tribunal Constitucional por “vulnerar los derechos fundamentales de la estudiante”.
De una u otra manera, casi todos los dirigentes del PSOE se muestran cercanos a las tesis del colectivo islámico, o al menos muy compresivos, si bien mujeres como Leire Pajín o Bibiana Aído han comentado su displicencia hacia los diversos tipos de velo. Incluso el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ha llegado a decir: “Soy partidario de que la niña asista a clase. No puede compararse una identificación para un colectivo, como un crucifijo, con una seña particular, como el velo islámico que no atenta contra los demás”. A Gabilondo se le ha escapado el gazapo de afirmar que España es una “sociedad aconfesional”, en vez de hablar de “Estado aconfesional”. La comparación con el cristianismo no se elude: el Gobierno se ha mostrado en repetidas ocasiones contrario a la presencia de crucifijos en las escuelas y centros sanitarios. Es más: los sacerdotes tienen prohibido visitar enfermos, sin la petición expresa de los familiares.
Por otro lado, algunos afirman que el velo islámico es una señal de discriminación contra la mujer. La respuesta hábil desde los colectivos mahometanos es la siguiente: la niña lleva el pañuelo de modo libre, por tanto no supone discriminación. Antes de llegar a esa disquisición, preguntémonos otra cosa: ¿por qué es tan fundamental para un musulmán hacer ostensible su identidad religiosa, social y cultural? ¿Es un modo de separarse de la sociedad, de alzar una versión mahometana del “gay pride”? ¿Llevar el pañuelo no es una forma de desafiar a la civilización occidental, considerada como impura y alejada de la única verdad revelada por Dios al Profeta? ¿Emperrarse de manera radical en el velo es un modo de gritar: “Islam will dominate the world”?
José María Sánchez Galera


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


Me asusta la pasividad de los políticosa hacia lo de fuera. Porque respecto a lo nuestro, hacia nuestra cultura, no les tiembla el pulso. Resulta que un crucifijo atenta contra la libertad de los demás y hay que eliminarlo, enterrarlo para que no se vea. Pero un símbolo musulman no tiene problema. Esta es una manera más de atacar a la cultura cristiana, a la religión cristiana de parte de los socialistas, encabezada por ZP.