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El estilo aristocrático de Grace Kelly se celebra con una exposición

25 abril 2010

Kelly, apodada ‘la nevera de Filadelfia’ nunca trató distinguir entre su imagen dentro y fuera de la pantalla. Su estilo, sinónimo de rectitud aristocrática, vive un ‘revival‘ y se celebra con una exposición.

Botas que ensanchan los tobillos, leggings y pantalones que exageran las caderas, gafas que afean la cara, moños-donut en lo alto de la cabeza. En 2010, todo indica que las mujeres están más preocupadas por huír de lo cursi que por aparecer armónicamente perfectas.

Y, sin embargo, pocas imágenes provocan mayor seguridad que la de Grace Kelly en un vestido de cintura estrecha y falda con vuelo, a ser posible con guantes blancos, perlas y un peinado de bucles suaves en un rubio poco estridente. Nada menos contemporáneo, nada más reconfortante.

Si Kelly, que a partir del sábado protagoniza una exposición en el Victoria & Albert de Londres, y su encarnación catódica, Betty Draper (January Jones en Mad Men ) vuelven a ejercer de iconos de estilo es por el mismo motivo por el que se pone de moda hacer mermeladas o recuperar los juegos de mesa, por escapismo retro.

Política de alcoba

La exposición, que permanecerá abierta hasta septiembre, no distingue entre los vestidos que Kelly lució en sus películas con los que llevó en su vida civil.Porque quizá como ninguna actriz, al margen de las dos Hepburn, Katherine y Audrey, unió de manera tan indisoluble la imagen que proyectaba fuera y dentro de la pantalla. Eso explica que en los dos momentos en los que atrajo mayor atención, cuando ganó el Oscar en 1955 y cuando se casó con Rainiero de Mónaco en 1956, recurrió a modistas de Hollywood, Edith Head en el primer caso, Helen Rose en el segundo.

Nacida en una familia bien de Filadelfia -aunque no demasiado: los católicos Kelly seguían siendo outsiders a pesar del dinero-, Grace Patricia no necesitó un lavado de cara como el que le hicieron a Margarita Cansino para convertirse en Rita Hayworth. Pero sí un ligero pulido. Sus compañeras de profesión recuerdan cómo Kelly se presentaba en los castings con guantes blancos, zapatos de talón bajo, un abrigo de pelo de camello y gafas de concha.

Sus primeros papeles -uno pequeño, pero decisivo en Solo ante el peligro- y sus años en la afamada residencia para señoritas Barbizon en Nueva York (donde el escándalo siempre intentaba atrapar a las apariencias) ayudarían a definir el estilo Kelly, que eclosionaría con su papel de la socialite Lisa Fremont en La ventana indiscreta. La nevera de Filadelfia, como se la conocía, o el “volcán cubierto de nieve” como la rebautizaría Hitchcock nunca intentó despegarse de su imagen, sino que la potenció con sus aristocráticos papeles en Alta sociedad o El cisne.

Los atributos que se le asocian -el bolso Kelly, el pañuelo Hermès, la falda con vuelo, el moño italiano, las perlas- están siempre en el lado de lo seguro. Más aún que en el caso de Audrey Hepburn, que tuvo algo de revolucionaria al apearse de los tacones, cortarse el pelo y quitarse las joyas. Pero, aunque remoto -o quizá por eso- el estilo Kelly resulta inescapable.

Cuando Kelly encontró a Betty

Que Betty Draper, la ambigua esposa de ‘Mad Men’, calca a Grace Kelly lo reconocen hasta los otros personajes, que se lo dicen a menudo. Pero Betty está a punto de perder el pulso de la historia. Es 1963, una década después del que se llamó “el año Kelly” por su enorme éxito, y ella sigue amarrada a las perlas. Planteárselo en 2010 requiere, mínimo, varias capas de ironía. Y recordar que no hablamos de ‘pin ups’ sino de señoritas que, si la liaron en su puesta de largo, nadie lo notó.

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