Alejandra Vallejo Nágera y el mecanismo de la seducción
25 abril 2010
“Es un juego psicológico orientado a fascinar, una forma de comunicación persuasiva en la que entra en juego la personalidad de cada uno y en la que apenas interviene la apariencia física”, aunque Alejandra Vallejo Nágera matiza que en ciertos perfiles sí está presente, como en el de Afrodita. “Pero incluso éste, en cuanto acapara la atención hacia su cuerpo, busca atraer desde otras perspectivas para asombrar al resto de manera constante”.
En su libro ‘Psicología de la seducción’, editado hace un par de años, Alejandra ofrece una amplia gama de arquetipos de seducción, que van desde el afrodita, al líder, pasando por el encantador, el intelectual, el artista, el rescatador o el divo. Explica los mecanismos y engranajes del seductor del que también se ofrecen sus puntos débiles de tal manera que el seducido, “al conocer las carencias del otro, pueda pasar rápidamente a seductor”.
Un sexo no seduce más que otro
Vallejo-Nágera explica que la seducción no es una cuestión de género. “No hay ningún estudio que avale que uno de los sexos seduzca más que el otro”. Lo que sí se ha descubierto, tal y como expone la autora en el libro, es que es “una cualidad que se desarrolla en la infancia y que está íntimamente ligada con la manera en que el niño se identifique e interactúe con sus progenitores”.
Para Vallejo-Nágera, “la calidad de la relación y la figura a la que se enfoque determinará su actuación” con el resto de la humanidad cuando crezca. “Los niños líderes suelen mantener este perfil de seducción de adultos”, sentenció.
Pero la buena noticia, según comenta la escritora, es que la seducción también se puede aprender. “Lo curioso al hablar de seducción es que lo unimos mentalmente a una atracción sexual o a destellos de sensualidad y eso no no es cierto en absoluto”, defendió.
De hecho, la seducción se ejerce “casi de manera constante en planos muy diferentes de la vida: el profesional, el social o el familiar” ya que se trata de “una forma de comunicación con unos fines muy determinados y una estrategia psicológica específica”. Siempre proveen placer, pero no el sexual, aunque a veces sí, pero “está más enfocado a conseguir que la persona que tienes delante se sienta importante, útil y valiosa frente a ti”, aclaró.
Seducción asegurada
Alguien nos parece atractivo porque muestra unas cualidades de las que uno carece o que uno tiene y admira de sí mismo. “El truco infalible para seducir a una persona es observar y fichar la emoción favorita de esa persona, engordarla y mostrársela así al sujeto a seducir”.
Para acertar a la hora de fichar esa emoción prioritaria, la autora sostiene que se tiene que haber observado detenidamente al otro. Sin embargo, añadió que “no se conseguirá nada si uno no aprende también a conocerse a sí mismo. “Hay personas que se empeñan en seducir de una manera que no corresponde en absoluto con su forma de ser, y los demás percibirán una sobreactuación artificial en su actuar”.
Aunque, en un principio, todos pensamos que es mejor seducir que ser seducido, “ya que uno puede sentirse indefenso u objeto de una manipulación”, en el fondo -admitió- “nos encanta que nos seduzcan porque principalmente nos están ofreciendo placer”.
La autora describe que el proceso de seducción siempre pasa por cinco etapas: una primera de provocación, “que atraiga”; eso unido siempre a un halo de misterio, “de algo que no se acaba de conocer”; la elegancia, “que los distingue del resto, la corrección y la contención acompañan siempre este proceso”. Pero para mantener esta atención se juega con el castigo para conseguir el control emocional del futuro seducido. “La cantidad de tormento que ejerza el seductor determinará si esa seducción es constructiva o perversa”, concluye


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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