Según el CIS es mejor ser de izquierdas para ganar las elecciones
18 abril 2010
Hay alguna razón por la que, en este país, ser de izquierdas o considerarse progresista se encuentra mucho mejor valorado que ser de derechas. Por esta razón, es probable que un gobierno de izquierdas, incluso con más de cuatro millones de parados, resulte extraordinariamente más resistente al desgaste que un gobierno de derechas.
Quizá por la misma causa, ningún político que aspire a captar el interés de una mayoría social capaz de proporcionarle la victoria en las urnas se califica abiertamente como de derechas. La respuesta a estos hechos quizá pueda encontrarse en uno de los más recientes barómetros periódicamente publicados por el Centro de Investigaciones Sociológicas.
Resulta llamativo que, preguntados los españoles al respecto, apenas un pequeño porcentaje asocia con la derecha valores como los derechos humanos, la libertad individual o la tolerancia. La izquierda resulta asociada en mucha mayor medida que la derecha a valores como la honradez, el idealismo, el pacifismo o el progreso. En general, la derecha es asociada a la tradición, el orden, el capitalismo, el nacionalismo… y el autoritarismo.
Como conclusión de estos cuadros se puede entender que la media de los encuestados se autoubique ideológicamente ligeramente a la izquierda (4,75). Al realizarse la encuesta sobre una escala de 1 a 10, resulta que la media aritmética se encuentra en el 5,5. Según advierte el propio CIS en sus observaciones metodológicas, esto puede añadir ala encuesta un sesgo a la izquierda difícil de estimar. Se observa además que el 5, como ubicación teórica del centro en la mente de los contestantes (ni derecha ni izquierda), suele ser la opción más elegida. En cualquier caso se observa que son muchos más españoles –y puede entenderse a partir de las respuestas a las preguntas anteriores- quienes se sitúan entre el 1 y el 4 (izquierda-extrema izquierda) que entre el 7 y el 10 (derecha-extrema derecha).
La batalla de la imagen la tiene ganada la izquierda
A la vista de todo lo anterior, pueden entenderse los problemas para ganar las elecciones de un partido que se autodenomine o sea percibido como un partido “de derechas”. Resulta comprensible en la medida en que paralelamente será percibido por una parte importante de la población como insolidario, intolerante y belicista. Este es –y lo es con pequeñas variaciones desde hace muchos años- el terreno de juego en el que actualmente juega la izquierda, y que lógicamente intenta perpetuar como el más favorable para obtener la victoria en las urnas.
Para la perpetuación de este escenario podrían entenderse desde la continua evocación de la dictadura franquista (una dictadura de derechas en un océano europeo e internacional de dictaduras izquierdistas) mediante instrumentos como el cine español o la “memoria histórica”, hasta políticas educativas como la actual asignatura de “Educación para la Ciudadanía”. Tanto los partidos de izquierda como los de derecha juegan en este campo que, no obstante, en buena medida delimitan los medios de comunicación y –en un sentido amplio- el “mundo de la cultura”. Sin estas llaves, resulta inverosímil intentar modificar el terrreno de juego sobre el que más cómodamente se desenvuelve la izquierda.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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