“La Nana”, espléndido segundo largometraje del chileno Sebastián Silva
18 abril 2010
Esta película es el segundo largometraje del chileno Sebastián Silva, y supone la primera película que Chile ha presentado en la historia del Festival de Sundance. Para ello ha contado con los trabajos interpretativos de Catalina Saavedra y Claudia Celedón, actrices que ya trabajaron con el director en su ópera prima, La vida me mata.
La nana ya ha recibido distintos premios en los festivales de Cartagena de Indias, Sundance, Taipei, Guadalajara, Cracovia y en el Festival Paris Cinéma.
El film, escrito por el propio Silva y Pedro Peirano, cuenta la historia de Raquel, una mujer que lleva veinte años trabajando de interna para una familia católica de clase alta, los Valdés. Cuando entra a trabajar otra chica con el fin echarle una mano, ya que Raquel tiene algunos problemas de salud, ésta desarrolla unos celos y miedos patológicos que la vuelven odiosa. Así, van desfilando diversas domésticas hasta que llega Lucy, una mujer que sabrá sacar lo mejor de Raquel y la hará cambiar.
La película es esencialmente sencilla, de una exposición clara y sin ambigüedades. Quizá demasiado sencilla para un largometraje. La fotografía en video y el cromatismo son bastante deficientes. Sin embargo, los trabajos de las actrices, y la autenticidad de la historia ennoblecen el resultado y justifican su buena acogida de crítica y público.
La película muestra una dinámica humana que, curiosamente, coincide con la pedagogía de Dios: una mujer cargada de miedo y consecuente maldad cambia radicalmente cuando encuentra quien la abrace y la valore por encima de sus miserias. Aunque sobran algunos toques liberales, la película es una hermosa parábola de la condición humana.
Juan Orellana


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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