Buenos datos, salvo en el paro
18 abril 2010
Me cuentan que algo no va bien. Los datos del desempleo manejados por el Ministerio de Trabajo son desalentadores. La llegada de la primavera, que suele agilizar la creación de puestos de trabajo en el sector servicios no ha funcionado en esta ocasión. Los parados crecen. Las ofertas de trabajo, no. Y los sectores que repuntan gracias a estrambóticas y carísimas medidas proteccionistas del Gobierno no consiguen generar empleo en la misma proporción en la que, supuestamente, generarán beneficios.
El automóvil es un buen ejemplo. La suma del enésimo plan de apoyo cofinanciado por administración central y autonómica ha tenido una buena acogida entre la población que, a su vez, ha adelantado su voluntad de compra –que no generado voluntad nueva- porque sabe que en unos meses subirá la factura final por la repercusión del incremento del IVA. Resultado: incremento astronómico de ventas, con niveles de crecimiento del 63%. Pero las cifras positivas no llevan encadenado un anuncio de la reducción de EREs o de la recontratación de los despedidos. Los que se han ido a la calle no van a volver. Al menos por ahora.
Se bonifica a sectores como el tecnológico con un Plan E específico que ha puesto a muchos gobiernos locales a modernizar su anquilosada telemática. Pero también es pan para hoy y hambre para mañana porque son proyectos limitados que utilizarán recursos limitados y, si bien puede que permitan no despedir a más gente, difícilmente lograrán que se contrate a alguien.
Me cuentan que algo no va bien, que el Gobierno sigue obsesionado con su plan de parcheado por materias y no avanza en la necesaria transformación del mercado laboral. La mesa de negociaciones, en la que patronal y sindicatos hablan con el Ejecutivo, sólo sabe lanzar globos sonda y esperar a las reacciones del público –retrasar la edad de jubilación, crear un fondo económico para los despidos, reducir las aportaciones de la Seguridad Social…- Y me cuentan también que, en menos de lo que pensamos, van a ser demasiados aquellos que viven sin un euro en el bolsillo.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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