“Nuestra clase política no desea que la sociedad se implique en los asuntos públicos”
11 abril 2010
El catedrático de Sociología de la UCM y presidente de Analistas Sociopolíticos ,Víctor Pérez Díaz, responde a algunas cuestiones sobre la sociedad y la vida política.
Las últimas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas revelan un creciente descontento de la sociedad respecto de la política. No en vano, los políticos y la clase política se han convertido en el tercer problema más importante para los encuestados. Es además en la franja de edad que va desde los 35 a los 44 años, en teoría una de las más politizadas, en las que se acumula un mayor desencanto.
¿Por qué se ha transformado la política en un problema? ¿Hemos depositado demasiada confianza en su tarea?
La política es casi siempre “un problema” en las sociedades democráticas, porque no es fácil llegar a ser ciudadanos capaces y responsables, ya que la virtud cívica requiere un esfuerzo moral e intelectual. Cuando ese esfuerzo no se hace, la política se convierte en cosa de los políticos y sus compañeros de viaje, los problemas colectivos no se resuelven o se resuelven mal, y crecen la desconfianza y la confusión.
Usted ha afirmado que en la sociedad civil española, ante la crisis económica, hay asociaciones con espíritu proactivo, cuya voz va más allá de su interés particular pero cuyo número no es suficiente. ¿A qué atribuye esa carencia de una mayor demanda de responsabilidades hacia los políticos?
A que una gran parte de la sociedad, no sintiéndose muy responsable ella misma de los asuntos comunes, no sabe o no se atreve a atribuir la parte de responsabilidad que le corresponde a su clase política. La sociedad exigiría más, y mejor, si se exigiera más a sí misma.
Queda acreditada la falta de confianza que genera la clase política entre los ciudadanos. Pero ¿qué confianza tiene depositada esa clase política en las capacidades de la sociedad civil?
De hecho, la clase política confía en la sociedad, a su modo. Tiene el tipo de confianza de quien confía en que la sociedad le dé su voto; y es evidente que por ahora se lo da. No confía apenas en que la sociedad participe y debata por su cuenta sobre los asuntos públicos; porque cree que, en ese caso, la sociedad entraría en el terreno que la clase política, y sus adláteres, consideran como el suyo propio.
¿Qué experiencias destacaría del resto de sociedades occidentales? ¿Qué efectos tiene una mayor implicación de esa sociedad civil? ¿Es beneficiosa la descentralización del poder?
Sin duda hay sociedades occidentales, las nórdicas, por ejemplo, con un grado de virtud cívica mayor que la española, en las que la ciudadanía y la sociedad civil son más activas, y en las que los debates son más razonables, en buena parte porque las gentes suelen escucharse unas a otras y han aprendido (para empezar en la escuela, en la familia, entre amigos, y luego en los medios de comunicación y en la sociedad) a no interrumpirse unas a otras, ni a abusar de las palabras.
Este viernes el Consejo de Ministros aprobó el documento con medidas anticrisis que ha negociado con los grupos parlamentarios en la Comisión Zurbano. El Ejecutivo ha buscado un pacto del que el principal partido de la oposición denuncia una carencia de contenidos concretos. ¿Qué opina?
Lo raro es que un documento así no se haya presentado ya hace mucho tiempo, dado que vivimos en medio de una crisis gravísima desde hace un año y medio (si tomamos como referencia, por ejemplo, la crisis de Lehman Brothers). Aunque tal vez lo que ocurre es que, para una parte de la clase política, el tiempo ni corre ni vuela ni pasa, porque ella está instalada en una especie de eternidad, y en la contemplación de sí misma.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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