La niña de Bruce Willis y Demi Moore ya tiene 21 añitos
11 abril 2010
La pasada semana se presentó en Hollywood «The Joneses», y muchas «celebrities» aprovecharon la oportunidad para lucir palmito y salir un rato. Pero entre todas, tres mujeres de quitar el hipo acapararon todas las miradas. Rumer Willis, Demi Moore y Lauren Hutton: un trío de mujeres con estilo sin que la edad suponga ningún problema.
Rumer Willis, de 21 años, parece que ha superado por completo la «confusión» ante el armario de sus primeras apariciones en la alfombra roja y ahora es digna heredera del estilazo de su madre, Demi Moore. Muy guapa, con un vestido corto drapeado, de escote asimétrico y con print animal, la mayor de las Willis-Moore estaba natural, sexy y con un toque «rockero» muy apropiado para su edad.
Y llegamos a su madre. La frase de «Pero si parecéis hermanas» (que tan feliz ha hecho a cientos de madres, comparándolas con sus hijas), es más que un hecho en el caso de Rumer y su famosa mamá, Demi Moore, de 47 años.
Y es que Demi volvió dejar a todos los presentes con la boca abierta con su precioso vestido rosa de la colección Otoño Invierno 2010 de Marchesa. Radiante y espectacular: en serio, lo de esta mujer no es normal, tiene que haber hecho un pacto con el diablo.
Pero si lo de Demi es para tener envidia, lo de Lauren Hutton no se queda atrás. A sus 66 años, la modelo dio un ejemplo de elegancia con un traje de chaqueta y pantalón blanco, sandalias de tacón y clutch negro. Hutton, una de las modelos «maduras» más cotizadas de hoy en día (y no solo de cosméticos, el año pasado fue imagen de Mango) sigue conservando ese aire tan estadounidense de mujer atlética, ligeramente bronceada y «casual» que tan bien han exportado diseñadores como Ralph Lauren o Tommy Hilfiger. Y sin recurrir al botox.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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