El matrimonio «feliz» reduce el riesgo de muerte por derrame cerebral
11 abril 2010
Cada vez más estudios demuestran los beneficios que sobre la salud, especialmente de los hombres, conlleva el casamiento. La última investigación sobre el tema, realizada por la Universidad de Tel Aviv, indica que un matrimonio feliz puede ayudar a prevenir derrames cerebrales mortales en los hombres.
Se trata del primer estudio que evalúa la calidad de un matrimonio y su asociación con el riesgo de apoplejía. Ha sido el Profesor Uri Goldbourt del Instituto CardíacoNeufeld de la Universidad de Tel Aviv cardíaca encontró una correlación entrela «felicidad» en el matrimonio y la probabilidad de que un hombre muera por un derrame cerebral. Los resultados de la investigación, a partir de los datos recabados entre 10.000 hombres, todos ellos funcionarios públicos, desde 1965, han sido presentados a los expertos en la Conferecnia Internacional la Asociación Americana de Accidentes Cerebrovasculares.
Al comienzo del estudio, los hombres fueron encuestados acerca de sus niveles de felicidad y su estado civil. Después, durante los siguientes 34 años se realizó un seguimiento para determinar cuántos de los participantes murieron a causa de un derrame cerebral. La conclusión es que los hombres solteros tenían un 64 por ciento más de riesgo de sufrir una apoplejía mortal que los casados. Pero no basta con estar casado, sino que la calidad del matrimonio también se revela como un factor determinante. De este modo, los hombres que vivían en una unión infeliz tenían un riesgo 64 por ciento mayor de morir por un accidente cerebrovascular que los que aseguraban ser felices con su esposa.
Sin datos sobre las mujeres
«La asociación que hemos encontrado se ajusta a factores como la edad, tipo de sangre y los niveles de colesterol», ha señalado el profesor Goldbourt, que advierte que sus resultados sólo son preliminares, ya que sólo tienen en cuenta algunas de las muchas posibles variables, pero sienta las bases para futuras investigaciones. La encuesta sólo mide los accidentes cerebrovasculares fatales, no aquellos que lograron sobrevivir. Y tampoco se ha tenido en cuenta si los datos son extrapolables a las mujeres. «Es una lástima que no tengamos ese tipo de información”», ha indicado Goldbourt, que los investigadores más jóvenes recojan el testigo de su investigación.
Mientras que muchos estudios de hoy informan de los beneficios del matrimonio, los efectos negativos de un matrimonio infeliz están todavía poco estudiados. Aunque es posible, según sugiere el estudio del profesor Goldbourt, que un mal matrimonio sea tan malo para la salud como estar soltero.
«La felicidad puede contribuir a la salud de los hombres y reducir el riesgo de morir por un accidente cerebrovascular -asegura el autor de la investigación- pero no tenemos toda la información necesaria para decir que esto sea una barita mágica».
Estudios médicos previos ya habían sugerido que la felicidad puede evitar la gripe, promover la salud cardiaca, y puede incluso ayudar a las personas a combatir el cáncer, «pero es necesario investigar mucho más sobre los efectos de la felicidad en la salud, teniendo en cuenta factores tales como la medicación y los efectos de la felicidad a través del tiempo», explica el profesor Goldbourt .
Con este estudio se abre una nueva vía de investigación de los factores asociados con el riesgo de muerte por accidente cerebrovascular, pero, hasta que la investigación concluya, «la mejor manera de evitar un derrame cerebral es llevar un estilo de vida saludable», advierte el autor.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
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