Susana Tamaro: “El misterio y lo desconocido”
28 marzo 2010
Susanna Tamaro carga sobre sus espaldas el peso de una crítica que no acepta la confluencia de la calidad literaria con el éxito de ventas. De Donde el corazón te lleve se vendieron en Italia más de 2 millones de ejemplares. En sus novelas hay de todo, acentos logradísimos, obviedades, frases memorables, narraciones de una pasmosa simplicidad; pero hay algo innegable en la autora de Anima Mundi, su portentosa sinceridad. Por eso, El misterio y lo desconocido es un diminuto balcón que asoma a una piccola piazza donde se nos muestra quién es y cómo piensa Susanna Tamaro.
El libro consta de un par de conferencias pronunciadas en Rímini y Roma. En ellas, la autora se sirve de un impudor casi irreverente para hablarnos a pelo de su infancia, de sus primeros balbuceos sobre el misterio sobrenatural en su vida, de sus miedos y firmezas. Decía Aristóteles que el principio de toda filosofía es la maravilla. Así piensa la Tamaro, a través de la contemplación de la belleza del mundo ella experimentó ese breve sobresalto interior que es el asombro. “La primera actitud de lo creado es la belleza – dice la autora -, y es una belleza marcada por la gratuidad. ¿Acaso no es una invitación a la sorpresa? Si todo se reduce a una relación de causa y efecto, ¿cómo se explica la belleza y la variedad de las formas en que ésta se ha manifestado?”.
Y ese asombro le invita a abrir un portillo a una realidad trascendente que le propone un encuentro personal. Ella no cree en la frivolidad de que todo proceda de la mera casualidad. “El pensamiento corriente tiende a atribuir todo a la casualidad. Pero en la casualidad todo se produce por asociación de condiciones fortuitas. La casualidad crea desorden y la voluntad crea orden. Me parece bastante evidente que en el universo hay cierto orden”.
Por eso, la autora italiana lanza un guante a su auditorio, retándole a no quedarse en la corteza de las cosas, a perder el miedo al vértigo que produce la contemplación del misterio de la vida tras el cual se encuentra el rostro de Dios. “El ateísmo no es sólo la negación del sentido de Dios, sino también, en el fondo, la negación del hombre, porque al rechazar su parte misteriosa lo reduce a un modelo plano, a una forma de gran limitación y pobreza”.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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