El toreo es la línea curva del dibujante, arte de segundos
21 marzo 2010
Se acabó la Feria de Fallas, y con ella la alegría de volver a ver a los maestros del estoque, que llevan “todo el valor en el pecho y todo el temor en los pies” (Calderón). Es una despedida mensual, ya que pronto vendrá la Feria de Abril, como dejamos en febrero la de Vistalegre.
El otro día, un amigo atajó la polémica sobre las corridas con un escueto “me gustan porque sí, y sanseacabó”. Me hizo reír, pero el chiste no me satisfizo. Las cosas no sólo gustan, el gusto tiene cimientos, y los cimientos se diseñan con argumentos de matemática y de física.
Bergamín, que veía los toros desde el oficio de la poesía y la crítica literaria, aseguraba que el espectáculo de una corrida no vale únicamente por ofrecer una impresión sensible. El juego de los toros es juego inteligible.
Espido Freire me llama y se me arrebata con su cadena de juicios en contra, “los toros son mamíferos, como nosotros”, ya, pero no es lo mismo un mamífero autoconsciente que un mamífero sin un adjetivo tan principesco; “sufren, sufren mucho”, pero le digo que se sufren más en el matadero, que los toros por desollar huelen de lejos la guillotina que se les avecina, y caen presas de infarto en la cola de ajusticiados, verídico.
“Es el único entretenimiento humano, presuntamente artístico, en el que se divierte el espectador con un sacrificio verdadero”; no lo creo, el toreo no es el arte de ver morir a un animal, la sangre no tiene interés para el aficionado, la sangre distrae únicamente al recién llegado, que se cree que cuanta más caiga en el albero, más pañuelos blanquearán el coso.
Anteayer, Espido me deja otro mensaje de madrugada, “¿cómo puedes estar a favor de alguien que expone tan gratuitamente su vida?”, le digo que la mía la expongo a diario, y me replica que aquello es un sofisma.
Hay tanta belleza creada por la mano diestra del diestro en ese garabato de segundos, que en ocasiones me levanté emocionado del sofá, viendo por el PLUS a El Juli y a Ponce, que no son santos de mi devoción, pero que últimamente andan creciendo como si principiaran.
Me disgustan mucho los que defienden la Fiesta sin vivirla, la suya me huele a la ideología común de los acérrimos contrarios.
Me gusta Morante, que cimbrea su puro entre los dedos mientras espera turno y, cuando le llega, hace su faena con temple de oftalmólogo, ni los aplausos le presionan la chaquetilla. Para entender una corrida hay que empezar por leer los versos de Gerardo Diego y luego mirar al toro.
Agustín Guzmán del Buey


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


impresionante foto de Morante y magnifico artículo, un diez y medio familia!!