Una de las últimas entrevistas que concedió Miguel Delibes
14 marzo 2010
Algunas frases de la entrevista:
Todo hombre que se dirige al gran público tiene una gran responsabilidad. Cuando adopto un argumento y unos tipos, ya tengo en mi cabeza construida la novela. Lorenzo el cazador es un triunfador y lo pasa como nadie, pero las demás novelas son de perdedores, de tipos que quieren complacer y no saben. Nunca ha estado el hombre tan enfrentado a la naturaleza como ahora, el hombre creyó que iba a arreglar hasta el clima.
Hoy se da la sustitución del abuelo por la televisión. Antes, el abuelo contaba las historias del jabalí y ahora los nietos quieren irse al fútbol. Los jóvenes no se adaptan al campo, se escapan a la ciudad.
La muerte es una compañera inevitable del hombre. Nos han enseñado dos cosas, el nacimiento del Universo por el Big Bang y la teoría de la Creación con fondo religioso. Quiero acabar mis días con mis creencias de niño, seguir creyendo en lo fundamental y la esperanza soberbia de poder encontrarr a Cristo en la última curva del camino, eso me da una cierta serenidad. No me asusta mi muerte, es un accidente más de una vida en la que a todos nos corresponde el final.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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