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Te quedaste solo, Willy

7 marzo 2010

Y mira que el español es rico en adjetivos, y aún así se me queda corto para decirte lo que me parecen tus palabras. Sucio. Con eso lo digo todo. Después de que te dejaran solo hasta los del NO A LA GUERRA, vienes pidiendo tu derecho a la libertad de expresión y pensamiento.

Bien, la misma libertad disfruto desde estas líneas para decirte que lo tuyo es de vergüenza y vergonzante. Lamentable, vil y rastrero. ¿A quién sirves Willy? No puede ser a otro más que a ti, porque has llenado las portadas de los periódicos escupiendo sandeces, como jamás lo harás con tu trabajo. Dedícate a lo tuyo, si es que lo tuyo es ser actor, y deja de insultar a precio de mercadillo. Ésa es la mejor publicidad que te puedes hacer, tu trabajo.

En Cuba, Willy, no habrías podido ni abrir la boca, porque esa libertad que reclamas no existe. Los Castro Brothers se la arrebataron al pueblo cubano hace más de cincuenta años. Y las cosas no van a mejor con Junior. Siguen igual o peor. Allí, Willy, no habrías disfrutado de la oportunidad de ir a estudiar a Estados Unidos porque tu familia tenía los dólares para poder hacerlo ¿Fue allí donde cambiaste a Guillermo por Willy? Qué yanki, qué hortera.

No sé qué Cuba conoces, pero a mi me asaltaban señoras, que podían ser mi abuela suplicándome una pastilla de jabón, niñas que podían ser mis hijas para ofrecerme sexo a cambio de un bocata y catedráticos, que jamás podrías ser tú, pidiéndome un bolígrafo para poder escribir. A eso se le llama miseria. Una miseria que viene de la mano de una dictadura.

Dictadura Willy, dictadura. Aquí no hay colores, hay tiranía de unos pocos sobre los demás. ¿O es que acaso te sientes identificado con esos pocos Willy? Lo de la dictadura del proletariado ya está superado, gracias a hombres que, como Orlando Zapata, no se han dejado pisotear por la bota que otros lamen.

Aquí, Willy, no se dejó morir de hambre a un asesino que había liquidado a veinticinco inocentes, pero tú defiendes que el camarada Castro deje que Zapata se consuma en talego por ser un “delincuente común”. Qué grande eres. Qué corazón el tuyo cuando pasaste cuatro semanas en el aeropuerto de Lanzarote para que Aminatu Haidar no llegara hasta el final en su huelga de hambre. ¿Cuál es la diferencia?

Después te largaste a Cuba para descansar de tu hazaña humanitaria. Tú puedes, con los más de 100.000 euros que te embolsas por película. ¿Los repartiste entre los que cobran entre 15 y 20 dólares de salario medio? Allí debiste comprobar que no es necesario hacer huelga para morir de hambre.
Se puede ser de izquierdas o de derechas, se puede, incluso, no ser ni de uno ni de otro. Pero lo que no se puede es defender a un tirano, insultar al que muere por defender lo que piensa y presumir de ignorancia como tú lo haces.

Está bien que no tengas miedo por decir lo que piensas, Orlando Zapata tampoco lo tenía. Te quedaste solo Willy.

José Cabanach

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