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Optimismo, realismo, verdades y mentiras

7 marzo 2010

Detrás de la crisis económica no sólo hay malos resultados económicos, sino que se esconde también un elemento psicológico. Los potenciales consumidores, asustados por el panorama que tienen frente a sí, posponen e incluso cancelan decisiones de gastos que un año antes tenían previstos. La consecuencia es medible en datos macroeconómicos: el parón del consumo obliga a los empresarios a rebajar los precios y esta tendencia genera, si no una deflación, sí una paulatina desinflación como la que hemos vivido en 2009.

La confianza de los consumidores en la situación económica es uno de los índices que más utilizan los estudiosos para marcar las perspectivas de futuro. Si la población cree que se saldrá en breve del bache, no tiene inconveniente en volver a gastar. Si, por el contrario, sospecha que su travesía en el desierto, no hace sino esperar a que pase el temporal con lo que lleva puesto.

Un nutrido grupo de grandes empresarios, bajo el paraguas de las Cámaras de Comercio, ha decidido dejarse cuatro millones de euros en una campaña publicitaria impactante, con lo mejor de las nuevas tendencias en marketing, cuyo objetivo no es otro que no sea vender ilusión, ganas de comprar.

Repartir optimismo no es mala idea, si se vive en un país en el que la información está ausente y las reticencias de la población a gastar no son consecuencia de la verdadera situación sino de las imágenes ficticias o deformadas de los ciudadanos. Pero en una España que sólo habla de crisis, en la que la población ha aprendido, a golpe de cifras del paro, cuestiones tan elementales como qué es el déficit público, hace falta algo más que un caramelo con envoltorio para convencer a la gente.

El problema con el que se topa la campaña es que su muy loable mensaje optimista parte de una premisa falsa: que la recuperación es, desde ahora mismo, posible. Nada más lejos de la realidad. Resulta que los organismos internacionales y las entidades supranacionales han vuelto a avisar a nuestro país, esta vez, por la prevista subida del IVA que, a partir de julio, será un lastre más, en particular para los pequeños empresarios. Y los empresarios y sindicatos siguen sin encontrar el punto intermedio en la cuerda floja de la negociación colectiva.

Si el optimismo sólo se sustenta en una mentira, difícilmente podrá esta campaña, por exitosa que sea, cambiar el devenir de una guerra que se ha dejado en el camino, según los datos más fiables, más de cuatro millones y medio damnificados.

María Solano Altaba
Profesora Universidad CEU San Pablo y periodista

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