Moratinos ‘agacha las orejas’ y trata de disculpar los desvaríos de Chávez
7 Marzo 2010
Mientras Caracas insiste en denostar a la Justicia española, el PP recuerda al Gobierno sus advertencias sobre el peligro de fomentar «amistades peligrosas» y antidemocráticas.
Haciendo honor a su condición de diplomático profesional, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, trató de apagar el fuego creado por los desplantes del presidente venezolano, Hugo Chávez, y, con la vista puesta mucho más en aplacar los ánimos del dirigente populista que en la dignidad del propio Gobierno español, amoldó la realidad para explicar que la intención de José Luis Rodríguez Zapatero fue pedir «información», más que explicaciones, al régimen de Caracas sobre su supuesta ayuda para que ETA y las FARC entablaran una alianza criminal.
El socialista reaccionó así a las declaraciones realizadas la víspera por Chávez, quien despreció al inquilino de Moncloa al defender de manera implícita a los terroristas de la banda vasca -a quienes comparó con Simón Bolivar- y proclamar que él no le debe explicación alguna al Ejecutivo patrio.
Como colofón, en un ejercicio de voluntarismo, Moratinos expresó su confianza en que el mandatario venezolano «colabore» con la Audiencia Nacional para esclarecer los posibles vínculos entre ambas organizaciones criminales.
En suma, siempre a juicio del titular de Exteriores, lo primordial es que «ambos Gobiernos trabajen con la Justicia», sin que, por supuesto, ello afecte a las buenas relaciones que hay entre los dos países y que, a la postre, se traducen en sustanciosas inversiones de empresas patrias en la nación sudamericana. Ello, cómo no, impide la adopción de «medidas drásticas», como convocar a los embajadores, al menos hasta que no se esclarezca el caso en los tribunales.
Tal debilidad fue explotada de inmediato por Caracas, que criticó que las acusaciones de colaboración con ETA se basen en material informático incautado a un guerrillero y que, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, Nicolás Maduro, acusó al juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco de basarse en un «instrumento de guerra política» para denunciar el respaldo institucional a ETA.
Cabe recordar que los numerosos indicios de vínculos entre ambas mafias terroristas se descubrieron tras analizar el disco duro del ordenador del guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Raúl Reyes.
«Debe saber la opinión pública española que con esa computadora se pretendió perseguir a la izquierda democrática y luchadora de Colombia, y se trataron de fabricar juicios» contra el presidente ecuatoriano Rafal Correa y el nicaragüense Daniel Ortega, afirmó Maduro en un generoso empleo de la misma retórica populista tan habitual en su jefe.
Los nuevos desplantes de Caracas sirvieron para que el líder del PP, Mariano Rajoy, volviera a criticar las «amistades peligrosas» de Zapatero, y proclamara la necesidad de «poner en su sitio» a gente como Hugo Chávez y los hermanos Castro, porque España es «una democracia».
El líder popular insistió asimismo en su reclamación al Ejecutivo para que cite al embajador de Venezuela en exigencia de una explicación sobre los vínculos entre ETA y las FARC y la cobertura que tal alianza recibió por parte del Gobierno de Caracas.
«O tiene razón el juez o este señor, y creo mucho más al magistrado de la Audiencia Nacional que a Chávez». «Tenemos que querer para los venezolanos y para los cubanos lo mismo que queremos para nosotros, es decir, democracia, libertad y derechos humanos», concluyó el líder conservador.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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