Los hombres que miraban fijamente a las cabras
7 marzo 2010
Pocos sabíamos de la existencia de un “ejército estadounidense de lo paranormal”, pero como suele decirse, a veces la realidad supera la ficción. El hecho es que, tras la derrota de Vietnam, Norte América comenzó a explorar un sin fin de posibilidades defensivas, para evitar nuevos fracasos militares (algo que parece no haberle servido demasiado, por otro lado). Entre algunos de estos proyectos se encontraba el del estudio del control de la mente… Esta es el hilarante de resultado de aquellas investigaciones “síquico-armamentísticas”
Cuando a Grant Heslov (codirector junto a George Glooney de aquella película tan interesante “Buenas noches y buena suerte”), le llego a sus manos el libro del reportero Jon Ronson y titulado “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”, supo que tenía que convertirlo en película. Su fiel amigo y compañero de fatigas Clooney, se sumó al proyecto, creando una película tan irónica como inteligente.
En su novela, Ronson presentaba un hecho verídico, aunque sumamente increíble: la realidad de este ejército norteamericano de la “New Age”.
Mientras Jonson no inventa nada (aunque sí lo novela), en la película se toman sus licencias. Por ejemplo la unidad que dirige un “iluminado” Jeff Bridges, se llama “Unidad Militar Experimental Norteamericana, Ejército de la Nueva Tierra”. Se trata de una legión de ‘Guerreros Jedi’, con sus propias oraciones a la “madre tierra”. Quienes pertenecen a este batallón de lo paranormal, poseen una serie de poderes especiales: leer la mente del enemigo, atravesar paredes o incluso matar una cabra con tan sólo mirarla fijamente.
En la película Jeff Bridges (El fundador del programa), ha desaparecido y su lugarteniente Cassady (Clooney) tiene la misión de encontrarle. En su aventura le seguirá un reportero ávido de noticias (Ewan Mcgregor), quién descubrirá algo más que una simple noticia.
La película es tan divertida como suena, los entrenamientos de los guerreros son para partirse de risa, la búsqueda en pleno desierto desternillante y el final el colmo de lo onírico.
Son grandes pretensiones reflexivas y rayando mucho en la pirada de pinza, la película sin embargo tiene un final como para debatir seriamente.
La crueldad y el horror de la guerra (cualquier guerra) y sus llamados daños colaterales, son muchas veces utilizados tanto por los políticos, como por la prensa de manera partidaria y sensacionalista; pero basta con uno sólo “crea” (genial Ewan McGregor en un alter ego de su personaje Obi Van Kenobi), para tener esperanza en el futuro de la humanidad…


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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