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“Kafka y la muñeca viajera”, de Jordi Fabra i Serra

7 marzo 2010

Jordi Fabra i Serra, escritor barcelonés con una extensa carrera y éxitos, ganó en 2007 el premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil con “Kafka y la muñeca viajera”. El texto, publicado por Siruela, se basa en la historia que se cuenta del escritor, quien en el último año de su vida se encontró en el parque Steglitz de Berlín una niña que lloraba desconsoladamente porque se le había perdido su muñeca.

Kafka le dijo a la niña que su muñeca se había ido de viaje y que él lo sabía porque era cartero de muñecas. Desde ese día y durante unas tres semanas el escritor fue entregando a la niña diversas cartas que venían desde lugares distintas donde la muñeca estaba. Nunca se encontraron dichas cartas y fue a través de Dora Aymant como nos ha llegado esta anécdota sobre la cual Fabra i Serra escribe una novela preciosa, delicada y emocionante, que ha servido de base para la representación teatral que Ayanta Barili ha dirigido en en teatro Lara de Madrid.

Quizá lo primero que cabe destacar de esta versión teatral es que se han reunido un conjunto de estupendas coincidencias: fantástica historia original, texto de Fabra i Serra espléndido, fino y elegante, adaptación inteligente y llena de magia de Ayanta Barili y una interpretación por parte de sus tres únicos actores estupenda. La obra es de una gran simplicidad y su fuerza me parece que reside en esa sencillez que suele tener lo bueno.

La niña, el escritor y una estatua están muy bien, medidos y contenidos, la niña es para recordar, una monada. Se han utilizado unos recursos escénicos mínimos pero muy eficaces, unas marionetas que sobre un fondo negro nos van pintando esos viajes a través de un globo que luego se hace barco dirigible, de una gaviota y de unos paisajes cambiantes desde París a Tanzania, flores, confeti, todo suave y alegre, simpático y sugerente.

Te emocionas y ríes con el texto y esa muñeca que se ha ido no porque estuviera harta de la niña, sino porque con ella aprende a ser libre, algo no siempre fácil pero sí deseable, con esas cartas desde París o Londres y el desenlace de la muñeca que encuentra el amor y se casa en África con los animales como invitados.

No sé si se va a llevar esta obra fuera de Madrid o si va a estar mucho tiempo en la ciudad, pero hay que verla. No es sólo para niños, creo. A mí como adulta me ha parecido preciosa. Es cierto que no tiene pretensiones y que quizá su sencillez choque con obras y cine que tienen a los niños hiperexcitados con un ritmo trepidante, mucha luz, mucho ruido, todo siempre demasiado. Esto es otra cosa: tranquila, poética, casi silenciosa, hablan poco y lo justo, tanto el texto como las imágenes, ese escenario tan bien discurrido. Yo creo que ahí, en su falta de artificio, está lo mejor de ella, su fuerza que te llega sin tanta alharaca, por dentro, y se queda un rato en tu interior, callada.

Aurora Pimentel

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