Jornada violenta en las elecciones de Irak
7 marzo 2010
Las elecciones del pasado domingo en Irak marcan de alguna manera una etapa muy importante en el camino del establecimiento de un sistema político que debería dar respuesta a las aspiraciones de los iraquíes.
Aunque es cierto que la normalidad se abre paso en la inmensa mayoría del país, el terrorismo sectario sigue golpeando en Bagdad y la economía no acaba de despegar.
La democracia ha permitido a la mayoría chií imponerse en las instituciones, lo cual representa a ojos de los suníes el principio de la injerencia de Teherán, mientras que los kurdos en el norte siguen construyendo su poder autónomo, demasiado lejos de Bagdad. Cuesta ser optimista viendo lo que hoy es un inquietante laberinto de intereses étnico-políticos en salsa de petróleo, si no se tiene en cuenta que hasta ahora la alternativa ha sido aquella dictadura que mantenía por la fuerza una situación injusta para la inmensa mayoría de los iraquíes.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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