El ‘OT’ chino persigue a sus ‘triunfitos’ por el mundo
7 Marzo 2010
Los chinos están tan repartidos por el mundo, que hasta sus programas de televisión están empezando a emigrar. Es el caso de Happy Boys, la versión china de Operación Triunfo o American Idol, que este año se desarrollará por primera vez en Estados Unidos y Australia, en busca de posibles triunfitos que puedan vivir en tierras extranjeras.
Los finalistas de la versión estadounidense y australiana viajarán a China para disputar la final, según ha anunciado el canal Hunan Satellite Television, que produce el programa y también es conocido por haber creado la versión china de Betty la Fea.
En declaraciones a la agencia oficial de noticias Xinhua, Li Hao, el portavoz de la televisión de Hunan, ha asegurado que se tomó esta decisión con el objetivo de “atraer” a músicos extranjeros con talento para que participen en este “popular programa”. “En las ediciones anteriores muchos chinos que vivían en el extranjero y foráneos estaban interesados en participar”.
Es el caso de los chinos Su Xing y Li Xiaoyun, que eran estudiantes en Australia cuando se presentaron en 2007 a Happy Boys y en 2009 a Happy Girls, respectivamente, y saltaron a la fama tras conseguir el segundo puesto.
El Ministerio de Radio, Cine y Televisión de China, que supervisa todas las producciones chinas en el extranjero, pidió a la televisión de Hunan que no emita el programa después de las diez y media de la noche y que se debe “hablar y actuar decentemente”.
Happy Boys es un foco de controversia, ya que hay gente a la que le preocupa que este tipo de programas inciten a los jóvenes a buscar la fama instantánea.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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