An education: El trampantojo cinematográfico
1 marzo 2010
¿Sabéis lo que es un trampantojo? Un trampantojo o trompe l’œil -en francés-, es un «engaño al ojo». En realidad, se trata de una técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con la perspectiva y otros efectos ópticos.
Como a mí me gusta ir a las fuentes para formarme y poder opinar, me dirijo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que dice: “Trampantojo: Ilusión, trampa, enredo o artificio con que se engaña a uno haciéndole ver lo que no es”.
Los trampantojos suelen ser pinturas murales realistas creadas deliberadamente para buscar la confusión del espectador, que toma por real lo que meramente está pintado. El propósito del artista que utiliza esta técnica es engañar deliberadamente, sorprender al espectador e incluso divertirle. Los trampantojos pueden ser interiores (representando muebles, ventanas, puertas o escenas más complejas) o exteriores, en muros de edificios y se han utilizado a lo largo de diferentes épocas y distintas tendencias artísticas.
Desde el clasicismo griego, pasando por el arte arquitectónico romano, los bodegones del XVII o las trampas visuales de las vanguardias y los “ismos”, este concepto artístico ha llegado intacto hasta nuestros días. En la actualidad muchos autores se han hecho eco de este atractivo truco, adaptado eso sí, a las insaciables técnicas contemporáneas.
Este juego entre realidad y ficción, no deja de ser un juego de ilusionismo. Cuando estos juegos son utilizados por el cine o la televisión, el resultado es cuando menos, perturbador.
Hoy más que nunca, parece existir un acuerdo tácito entre los medios audiovisuales y el público, por el cual, cualquier información que aparezca en ellos (unámosle cada vez con mas intensidad Internet), se convierte en una realidad indiscutible.
Y os preguntaréis: ¿Pero cuando nos va a hablar de cine esta tía? ¿Es que definitivamente se le ha pirado la pinza?
Esperad, esperad, que todo tiene su sentido…
An education, es la nueva película de Lone Sherfig (Wilbur se quiere suicidar, Italiano para principiantes, Cuando mamá vuelva a casa), interesante directora danesa que nos presenta una “historia de amor” entre una niña de 16 años y un hombre 15 años mayor que ella.
De la sinopsis de la película no quiero decir más, porque rompería el estupor que uno siente a lo largo de todo el visionado (no pararéis de removeros en las butacas), pero lo que si os diré, es que lo que le ocurre a la protagonista de esta película, le pasa desgraciadamente, a más de la mitad de la población mundial…
Cuando uno termina pactando con las ilusiones en vez de con la realidad, cuando vive la vida como si fuese un duplicado, cuando se va fragmentando y excusando de las responsabilidades, en pro de una supuesta libertad esclavizada, en definitiva cuando vivimos ajenos a nuestra propia dignidad, terminamos creyendo que ese “trampantojo” es la verdad.
Frente a esto, la directora propone la cultura del esfuerzo, de la exigencia y del autodominio. Un hombre y una mujer que, en su fragilidad, se saben pertenecientes a algo más grande que ellos y que luchan por no perdérselo…
Un planteamiento aparentemente poco atrayente, pero lo único que nos puede salvar de una vida fingida.
Un 10 para Lone.
Eva Latonda


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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