Sting, en apuros por cantar para la hija del tirano de Uzbekistán
28 febrero 2010
El humanitario Sting (58) ha tenido que salir a la palestra tras saberse que el pasado 9 de octubre actuó en un concierto para Gulnara Karimova, la hija del líder de Uzbekistán, Islam Karimov. El régimen político de esta ex república soviética está en la lista negra de las organizaciones de derechos humanos y de la ONU por sus acciones represivas contra la oposición y sus propios ciudadanos.
Según The Guardian, el cantante habría recibido entre uno y dos millones de libras (1.138.000 / 2.276.000 euros). En un comunicado, Sting no ha tenido más remedio que reconocer los hechos. Pero ha intentado maquillarlo sin mucho convencimiento: “El concierto estaba organizado por la hija del presidente y creo que patrocinado por Unicef”. Aunque reconoce que conocía “la pésima reputación” de Karimov, explica que decidió aceptar porque “el boicot cultural suele ser contraproducente”. Y recuerda que en su día se negó a cantar en la Sudáfrica del apartheid.
El ex embajador británico en Tashkent Craig Murray, quien en un libro acusó a Karimov de “cocer vivos” a sus enemigos, ha lanzado varias lindezas contra Sting, como “estúpido” e “hipócrita”.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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