Perfil
28 febrero 2010
Ignacio García de Leániz Caprile, profesor de Comportamiento Humano en la Empresa
Hay momentos de tal gravedad donde las comparaciones dejan de ser odiosas. ¿Cuánto millones de desempleados piensa el lector que había en plena República de Weimar en 1932, un año antes del ascenso al poder de Hitler y su NSDAP? Una pista: la población alemana aquel año se cifraba en 67 millones de habitantes. Respuesta: cinco millones de alemanes. Muchos de nosotros hubiésemos aventurado cifras de 10 o 15 millones de parados para tal población y explicarnos así cabalmente el colapso de Weimar. Por desgracia, no fue menester tanto.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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