La historia de Amillia Taylor y el voto favorable del Senado al aborto
28 febrero 2010
El gobierno socialista no parece tener claro cuándo comienza la vida humana. Según la ministra Aido, incluso la especie de un feto es desconocida al menos hasta las 13 semanas. Es arraigada costumbre en nuestra especie, sin embargo, que las mujeres embarazadas den a luz niños de la especie humana. En cualquier caso, para los partidarios del aborto, no parece existir ninguna relación interesante entre determinar el momento en que comienza la vida humana y establecer una serie de plazos dentro de los cuales sea posible aniquilarla.
A este respecto, hoy que el aborto es noticia por la aprobación en el Senado de la nueva ley de plazos, cobra especial sentido la historia de Amillia Taylor, una niña que nació a las 21 semanas y 6 días de embarazo. Como puede apreciarse en la foto, ahora tiene 3 años.
Amillia Taylor es la refutación palpable de aquellos que sostienen que al abortar no se está destruyendo una vida humana con esta ley de plazos. La nueva ley del aborto permite abortar a las madres hasta las 22 semanas en un supuesto que no tiene nada de nuevo, el de la etérea salud psíquica de la madre, que actualmente cobija el 98% de los casos.
Pese a haber nacido con 21 semanas y 6 días, sin embargo, se diría que Amillia Taylor parece una niña bastante humana. Amillia es la cara de millones y millones de niños a los que se elimina en todo el mundo dentro de un plazo diciendo que no son niños.
Amillia Taylor es la prueba viviente de que el plazo de 22 semanas es un plazo completamente arbitrario, como desde el momento de la concepción lo sería cualquier otro. Quienes no son humanos cuando se produce un aborto no son los niños, sino los verdugos que lo ejecutan y los padres del niño.
En otras ocasiones, les hemos ofrecido la imagen de un feto de 22 semanas. Algunas personas pensaron que la foto estaba trucada o que no se correspondía con el plazo. La foto que les ofrecemos a continuación corresponde a poco después del nacimiento prematuro de Amillia Taylor.
Puede apreciarse el tamaño de Amillia por comparación con el bolígrafo. Si Amillia Taylor era entonces un ser humano, no hay ninguna razón lógica para sostener que no lo son todos los niños que en ese mismo momento se están gestando.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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