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La complicada adhesión turca a la UE

28 febrero 2010

Al socaire del escueto club de la Alianza de Civilizaciones y de la presidencia española de la UE, el primer ministro de Turquía, Tayip Erdogan, en unas dolidas declaraciones plantea por enésima vez la frustración política que supone el cerrado horizonte a su esperanza de figurar un día en la nómina comunitaria.

erdiganDe las afirmaciones que ha hecho Erdogan, destaca una que, de modo implícito, compendia el problema que supone esta explicable ambición de Ankara: “La UE – ha dicho – nunca impuso a ningún país lo que nos exige a nosotros”.

No podía ser de otra manera. Ningún aspirante al ingreso, a la integración plena, llamaba desde fuera de Europa. Se trataba y se trata de una cuestión de principio, no de un conjunto de razones al peso; aunque esto componga una abigarrada acumulación de ese género de razones, tales como el peso demográfico y sus consecuencias de todo orden a la hora de traducirlo a las cifras de los fondos de cohesión.

Pero no son sólo cuestiones de cantidad, obligadamente traducidas a millones de euros, sino también aspectos cualitativos que deben concurrir en algo más que el perfil del Estado aspirante a la integración. Por ejemplo, el irresuelto problema de la división de Chipre; el rango formal y la calidad democrática de las instituciones en lo que toca a las garantías concernientes a los derechos individuales.

Resulta obligado también señalar otros factores determinantes en lo geográfico, puesto que Turquía sólo es europea en su más reducida porción, y en lo histórico. Como civilización o como cultura –entendida ésta como forma de vida– concurren diferencias de identidad tan profundas que la hipótesis de una integración plena, con ser notorias las ventajas que ello aportaría, son más profundos aún los inconvenientes y problemas que de ello se habría de derivar.

No es difícil entender, en este sentido, el énfasis con que Francia y Alemania –que son algo más que sólo un eje político dentro de la Unión– señalan la imposibilidad de incorporar a Turquía como miembro de pleno derecho. La Historia no se puede cambiar, aunque con discutible buena fe se altere la memoria que la contiene.

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