Atrévase a calcular su pensión al margen del estado
28 Febrero 2010
¿Y si en vez de cotizar a la Seguridad Social estuviera acumulando capital en un plan privado? En menos de un minuto, averigüe cuál sería su pensión si se acogiera a un sistema de capitalización en vez de a uno de reparto. Le garantizamos que va a quedar sorprendido por el resultado.
Cuando hablan los números, sobran las palabras. Todo el mundo es consciente, por motivos demográficos, de la futura quiebra del actual sistema de pensiones basado en el modelo de reparto. En un análisis anterior puede encontrar la diferencia entre un modelo público de reparto y un modelo de capitalización privado. Con la ayuda de una humilde hoja de cálculo, hoy vamos a comparar la pensión que obtendría un trabajador con el salario medio español en un sistema de capitalización frente al actual sistema de reparto.
El sueldo medio de un español es de 21.500 euros. Significativamente, la pensión media en España es de sólo 12.236 euros. Es decir, la pensión media es casi la mitad del sueldo medio. Esto es lo que da de sí el actual sistema de reparto. Una explicación sencilla de esta diferencia es que la tasa de dependencia (el número de cotizantes en relación al de pensionistas) es de apenas 2,1. En 1990, la tasa de dependencia era de 5. A la vista de la actual pirámide de población, se calcula que la tasa en 2050 será de poco más de 1 cotizante por pensionista. De esto es de lo que se habla cuando se anuncia la futura quiebra del sistema. Con sólo una persona trabajando por cada jubilado, el sistema de pensiones será insostenible tanto a través del sistema de cotizaciones como a través de los impuestos.
Poniendo a prueba el sistema de capitalización
Como les decíamos, sobran las palabras cuando quienes pueden hablar por sí mismos son los números. La empresa de nuestro asalariado español medio, que cobra 21.500 euros, está pagando a la Seguridad Social una cantidad que supone alrededor de un tercio de ese sueldo. Un cálculo conservador, por tanto, sería que el trabajador cotiza anualmente alrededor de 6.000 euros. Es decir, 425 euros en 14 pagas anuales. Con esta cantidad, nos vamos a nuestra hoja de cálculo. Añadimos la rentabilidad que esperamos de nuestro capital (un 4,8%, equivalente a las obligaciones a 30 años), la inflación esperada, el porcentaje en el que debido a esa inflación vamos a aumentar anualmente nuestra aportación para compensarla, el número de aportaciones que vamos a hacer al año y el número de años que vamos a estar trabajando hasta jubilarnos.
Sorpresa. El asalariado medio que cobra un sueldo de 21.500 euros, en un sistema de capitalización, incluso después de haber descontado la inflación al jubilarse cobraría 23.942 euros. Más que cuando estaba trabajando. Esta cantidad, además, resultaría sólo del cobro de los intereses (4,8%) del capital que habría acumulado durante 35 años (498.809 euros descontada la inflación). Es decir, todo ello conservando intacto su capital de casi medio millón de euros.
Más provocador aún: Para cobrar sólo lo que cobraba trabajando, nuestro asalariado medio tendría que… ¡adelantar la jubilación un par de años!


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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