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¿Hemos dejado la educación en manos de la ideología?

28 febrero 2010

Patricia Martínez Peroni, miembro de Profesionales por la Ética y profesora de Antropología, participó la semana pasada en unas jornadas de familia en Zamora. Aseguró que más que de crisis de la familia, habría que hablar de crisis de la persona, que está a la base. Lo que ocurrió en la Edad Moderna, con el cambio filosófico y la ruptura religiosa de la Reforma, influyó en la concepción de la autoridad y del orden: “cada uno cree lo que le da la gana sobre lo que es el bien”.

El problema del subjetivismo, de vivir de espaldas a la realidad, es que “se pierde el sentido común, y al perderlo, lo que surge es la autonomía moral”, según señaló la conferenciante. Entonces se pone el Estado por encima de las confesiones religiosas y de las personas. “Hoy la educación se ha convertido en una ideología; ya no se admite la naturaleza ni la autoridad”, y además, “se niega que las confesiones religiosas tengan algo que decir en materia de educación”.

En la España de los años 70 se dio un giro radical en materia educativa, pasando a lo que se llamó la “autogestión escolar, que supuso la politización de la enseñanza. Hoy, la educación es la herramienta más revolucionaria que tiene un poder político”.

Martínez Peroni afirmó que ahora la educación sólo estimula la tecnología, y lo más epidérmico de la persona, lo sensible, dejando de lado lo espiritual. “Las leyes socialistas han buscado, en última instancia, la autonomía moral del individuo, basada en la concepción de que el sujeto se debe autoconducir. De ahí nacen fenómenos como las quejas al Defensor del Menor, la violencia escolar, etc. Todo esto no es casual. Hay algo que es ambiental y está desquiciando a la naturaleza humana… uno se pregunta si la política educativa de este país estará buscando otra clase de persona y de ciudadano”.

La solución está en “los hábitos y convicciones morales, no en aumentar la tecnología”. La ponente afirmó que la alternancia política no ha modificado en líneas generales la cultura ni la educación, manteniéndose la misma constante en estos treinta años.

Cuando, además, “este sistema educativo pretende modificar la moral, deslegitimando a la Iglesia, los padres, la familia, el derecho… y se pone como centro la autonomía moral, estamos haciendo de los niños y adolescentes primates evolucionados, y no son sujetos aptos para transmitir la civilización ni la fe”.

Trascendencia, naturaleza humana y educación

Aunque valoró positivamente el reconocimiento de la igualdad de los ciudadanos y de derechos de las personas, también señaló que “cuando la igualdad se convierte en discriminación ideológica, no es tan legítima. Hay un claro proyecto de qué es el hombre, de cómo deben ser los ciudadanos; se quiere cambiar la cultura: lo dice el Gobierno actual en las leyes que está haciendo”. Y añadió que “lo más grave es el intento de cambiar la naturaleza humana, introduciendo un concepto lingüístico que es el ‘género’, y ya no hay hombre ni mujer. Y la genética niega que existan estas diferencias de género, la mayor parte es comportamiento adquirido”.

De hecho, la ponente dijo que “el 98% de las personas nacemos varón o mujer, con una morfología al nacer y una identidad sexual. Pero cuando el ambiente es tan relativista, se le hace dudar al niño, cuando se le dice: ‘tú eliges’. Es un disparate educar así al niño, porque se originará una cultura promiscua, una ‘cultura gay’. Pero eso nosotros lo aceptamos como un nuevo derecho humano”.

El poder aprovecha la debilidad de la sociedad para pulverizar la identidad humana. Ya no se habla de personas, se habla de ciudadano, de individuo, de género… y no se puede educar si no hay un sujeto humano detrás, para sacar de él sus hábitos intelectuales, morales y espirituales”, explicó.

Martínez Peroni criticó duramente la situación educativa actual: “la filosofía de la educación que hay detrás del constructivismo pedagógico ha originado sujetos descentrados, incapaces de pensar, inmaduros, violentos… Nulo esfuerzo, nulo sentido común, nula memoria, nula curiosidad por aprender… éste es el resultado de la educación española. Ese chico, que ha sido injustamente maleducado, es fruto de un sistema educativo movido por una ideología de fondo que quiere un hombre sin trascendencia, un hombre más manipulable, sin convicciones ni personalidad”.

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