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Obama, paladín de la energía nuclear… y la familia

21 febrero 2010

En noviembre de 2008, la elección de Barack Obama como Presidente de Estados Unidos produjo una miríada de declaraciones grandilocuentes en todo el mundo. Los partidarios de una “nueva era” y de una suerte de revolución postmoderna lloraban de alegría. El Presidente español, Rodríguez Zapatero, aparecía ufano, pletórico, henchido de satisfacción y convencido de que Obama representaba la radicalidad de su propio proyecto contracultural.

El comienzo del mandato de Obama marcaba algunos visajes en este sentido, sobre todo en lo tocante a la investigación con embriones humanos y a la legislación sobre el aborto. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos requiere de demasiado pragmatismo y pocas utopías, y por eso el Presidente Obama se empieza a desmarcar de los tópicos más rancios que suelen asociarse al “progresismo”.

Después de 30 años sin que se construya una central nuclear en Estados Unidos, Obama ha anunciado el apoyo de fondos federales para los proyectos de nuevas centrales. Obama asegura que la aportación de este tipo de energía resulta de gran importancia, y por tanto debe formar parte del nuevo programa energético. Tanto el Presidente como Steven Chu, Secretario de Energía, sostienen que la energía nuclear resulta positiva para evitar la degradación del medio ambiente y emitir gases nocivos a la atmósfera. A la vez, se suman al elenco de promotores de la investigación en nuevas generaciones de este tipo de energía, así como en el aprovechamiento de los desechos nucleares.

Esta declaración contradice abiertamente el discurso establecido desde hace décadas en el “progresismo”, y supone una actitud más razonable y abierta. Sobre todo, este cambio de postura también muestra un talante conciliador con las demás ideas políticas, dado que el argumento nuevo de Obama está comprado al 100% del programa electoral típico de cualquier partido conservador.

Casi al mismo tiempo, Obama ha concedido una entrevista a la publicación afroamericana “Essence”. De la entrevista destaca una declaración con aire contundente e incluso autoritario: “Las niñas no ven televisión durante la semana. Punto”. El Presidente de Estados Unidos comentaba la manera como él y su esposa educan a sus hijas, y de sus palabras se deduce que copia algunos de los esquemas de que hacen gala los conservadores. Afirma que lo primero es hacer cumplir un horario exigente a las niñas, tanto en lo referente a las tareas del colegio, como la hora de cenar o irse a la cama.

Este tipo de gestos del Presidente puede tener una lectura política, en unos momentos en que el máximo mandatario de Estados Unidos ha visto descender su popularidad. Algunos podrán entender que Obama vira hacia una zona compartida entre Republicanos y Demócratas, a fin de resultar más “presidencial”. En cualquier caso, está dando unos pasos que en España y otros países de Europa hoy resultan inimaginables.

José María Sánchez Galera

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