Se realiza el primer cambio de sexo a un menor en España
14 febrero 2010
A principios de enero se llevó a cabo en Barcelona la primera operación de modificación genital –o dicho de modo más usual, cambio de sexo– a un menor de edad. Se trata de chico de 16 años que afirma sentirse como una chica. Los cambios legales promovidos por el actual Gobierno han permitido que se realice esta operación, aunque se ha precisado una autorización judicial.
Dentro de los médicos no hay un respaldo suficiente a este tipo de intervenciones quirúrgicas. De hecho, sólo los cirujanos plásticos que se dedican a este negocio aseguran que es una práctica adecuada. ¿Qué otra cosa iban a decir?
La operación a que se ha sometido el menor de edad ha corrido a cargo del más famoso de estos cirujanos: Iván Mañero, quien asegura que lleva once años dedicándose a este negocio, con más de 500 intervenciones de modificación genital en su currículum. De su parte se pone un buen número de periodistas que entienden que este tipo de operaciones constituye un avance del progreso.
Iván Mañero y estos periodistas a favor de las operaciones de “cambio de sexo” suele asumir los postulados de la “ideología de género”. De acuerdo con esta doctrina, existen tres facetas distintas: el sexo, el género y la orientación sexual. Así, el sexo es la simple apariencia que otorga la biología, el género es una percepción subjetiva, y la orientación sexual se define según el género o sexo de las personas con las que se desea mantener relaciones sexuales Para los que defienden esta teoría, si el sexo y el género no coinciden, se puede pedir la ayuda de la cirugía.
Uno de los escollos de esta doctrina es la genética, puesto que el sexo depende de los genes. Y los genes están presentes, de igual modo, en todas las células del cuerpo. Por eso, aunque un médico ampute unos genitales o inserte unos implantes mamarios, no puede transformar el par cromosómico XY en XX. El médico tampoco puede cambiar las diferencias hormonales o cerebrales provocadas por el gen sexual. Por eso, y el mismo doctor Mañero reconoce que una persona sometida a una cirugía en los genitales debe seguir un tratamiento hormonal durante toda su vida. Aparte, su paciente de 16 años, aunque “se ha vuelto chica” carece de ovarios y no experimenta la menstruación.
Jesús Trillo-Figueroa desmonta en su reciente libro “La ideología de género” la doctrina y los mitos que sirve de excusa a la legislación del gobierno y al negocio de Mañero. Muchos médicos se desmarcan de la teoría sobre “sexo, género y orientación”, y asegura que los casos excepcionales casos de confusión sexual son, en realidad, un conflicto dramático y no una libre elección. En este sentido, Paul McHugh, jefe del servicio psiquiátrico de hospital universitario John Hopkins, ha estudiado varios casos de “transexualidad”.
McHugh afirma que los transexuales incluyen un porcentaje importante de homosexuales, y otro porcentaje de hombres que sentían excitación vistiéndose como mujeres. En general, las personas operadas no se arrepienten de su paso por el quirófano, pero admiten que persisten sus problemas emocionales y sexuales. Por tanto, se plantea que, en este tipo de conflictos, lo más adecuado es tratarlos como lo que son: un trastorno psiquiátrico con pronóstico más o menos satisfactorio. El problema de esta solución es que no cuadra con los postulados de la “ideología de género”.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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