Presentación del libro de G. K. Chesterton, “El Pozo y los charcos”, en su primera edición en lengua castellana
14 febrero 2010
La Sociedad Chestertoniana Argentina invitó recientemente a la presentación del libro de G. K. Chesterton, EL POZO Y LOS CHARCOS, en su primera edición en lengua castellana, realizada por EDITORIAL AGAPE.
El Pozo y los Charcos fue editado en 1935, pocos meses antes de la muerte de su autor, y es el último de una serie de brillantes libros de apologética, iniciada hace 101 años con la publicación de Herejes en 1905, de la que forman parte algunas de sus obras más importantes, como Ortodoxia, Lo que está mal en el mundo y El Hombre Eterno.
Esta última obra de Chesterton, que su autor consideraba una suerte de despedida, contiene gran parte de los textos más profundos escritos por él con relación a su conversión al catolicismo, como la serie titulada “Mis seis conversiones” o el conmovedor ensayo “María y el converso”. Es un libro de fuerte sabor polémico y notable contenido profético, en el que aborda temas de candente actualidad, como el relativismo moral, la eugenesia, la planificación familiar, el crecimiento anormal del estado, la inmoralidad del “big business”, la publicidad masiva, el periodismo tendencioso, el materialismo ateo, la pornografía y la decadencia de la sociedad occidental.
Esta edición reviste una especial importancia por tratarse de la primera traducción al idioma castellano de la obra, que hasta ahora sólo podía leerse en su original inglés a través de una única reedición publicada en el Tomo III de las Obras Completas que está publicando Ignatius Press.
La traducción, introducción y notas, ha sido realizada por Horacio Velasco-Suárez, de la Sociedad Chestertoniana Argentina.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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