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	<title>Comentarios en: El Papa es tachado de homófobo por defender las convicciones de las comunidades religiosas</title>
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	<description>Lavado por la lluvia, zarandeado por las corrientes... sin embargo, alcanza el equilibrio.</description>
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		<title>Por: Mónica Lobo</title>
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		<dc:creator>Mónica Lobo</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 08:54:07 +0000</pubDate>
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		<description>No sé por qué, pero siempre pensé que la misión de los gobernantes consistía en un trabajo de organización de la sociedad desde el punto de  vista de la  administración de lo público: economía, leyes, organización administrativa y territorial..., es decir,  mantener la infraestructura de la sociedad para que ésta funcione como queremos. Nunca pensé que fuera competencia de la Administración Pública administrar (valga la redundancia) modos de pensar imponiéndolos como se impone un determinado modelo económico. Por eso ahora asisto con sorpresa al empeño de los políticos por controlar parcelas que yo creía que eran de mi estricta competencia: cómo educar a mis hijos (educación para la ciudadanía, educación sexual y salud reproductiva), a qué colegio llevar a mis hijos (si es público o concertado es casi imposible escoger), el principio de autoridad paterno-filial (píldora abortiva y aborto sin permiso paterno, padres que acaban en la cárcel por corregir a sus hijos), mis creencias religiosas (laicismo, con todas sus imposiciones), mi libertad de expresión (consecuencias de desmarcarse del pensamiento único), libertad de pensamiento (pensamiento único), de qué puedo hablar con los demás y de qué no (lo que tengo que transmitir a personas de mi misma comunidad religiosa, a mi familia), cuándo puedo fumar, ¿cuánto debo pesar?... Yo creía que los gobiernos que descendían a estos detalles se llamaban totalitarios, yo pensaba que en los gobiernos democráticos la línea que separa lo público de lo privado estaba muy claramente trazada y traspasar esa línea se consideraba una interferencia del Estado intolerable (no intolerante). En fin, ¡está visto que hoy nos toca vivir un momento en el que nada es lo que parece!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>No sé por qué, pero siempre pensé que la misión de los gobernantes consistía en un trabajo de organización de la sociedad desde el punto de  vista de la  administración de lo público: economía, leyes, organización administrativa y territorial&#8230;, es decir,  mantener la infraestructura de la sociedad para que ésta funcione como queremos. Nunca pensé que fuera competencia de la Administración Pública administrar (valga la redundancia) modos de pensar imponiéndolos como se impone un determinado modelo económico. Por eso ahora asisto con sorpresa al empeño de los políticos por controlar parcelas que yo creía que eran de mi estricta competencia: cómo educar a mis hijos (educación para la ciudadanía, educación sexual y salud reproductiva), a qué colegio llevar a mis hijos (si es público o concertado es casi imposible escoger), el principio de autoridad paterno-filial (píldora abortiva y aborto sin permiso paterno, padres que acaban en la cárcel por corregir a sus hijos), mis creencias religiosas (laicismo, con todas sus imposiciones), mi libertad de expresión (consecuencias de desmarcarse del pensamiento único), libertad de pensamiento (pensamiento único), de qué puedo hablar con los demás y de qué no (lo que tengo que transmitir a personas de mi misma comunidad religiosa, a mi familia), cuándo puedo fumar, ¿cuánto debo pesar?&#8230; Yo creía que los gobiernos que descendían a estos detalles se llamaban totalitarios, yo pensaba que en los gobiernos democráticos la línea que separa lo público de lo privado estaba muy claramente trazada y traspasar esa línea se consideraba una interferencia del Estado intolerable (no intolerante). En fin, ¡está visto que hoy nos toca vivir un momento en el que nada es lo que parece!</p>
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