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Perfil

7 febrero 2010

David Gistau, periodista:

Ahora disponemos de más información de cómo sería ese cool-party ahormado por Esperanza Aguirre para disponer de una plataforma desde la cual evangelizar con el credo liberal y dar lecciones de estadista. Es un partido cuya presidenta estaría tan envenenada por un odio personal -el que profesa al «hijoputa»- que no dudaría en traicionar y perjudicar a sus propias siglas entregando un cargo importante a las de un partido rival con tal de apuntarse una miserable venganza con la que castigar al ¿compañero? que le ganó una intriga.

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