Los cuadros de Mathis Grünewald a los que puso música Paul Hindemith
7 Febrero 2010
El compositor Paul Hindemith (denominado “el Bach del siglo XX“, por su maestría en la fuga y su conocimiento del clasicismo) pone música a los mismos conflictos espirituales y sociales que tuvo el pintor Mathis Grünewald, el cual pintó las “Tentaciones de San Antonio” en el siglo XVI. En el movimiento que lleva el lema: “¿Dónde estabas tú, mi buen Jesús, dónde estabas tú, por qué no me auxiliaste ni curaste mis heridas?“, las tentaciones, dudas y deseos de Grünewald hacen un paralelo con las del santo.
Hindemith fue considerado como degenerado por Goebbels: ”Es cierto que, en vista de la deplorable falta de artistas verdaderamente productivos en todo el mundo, no podemos permitirnos el lujo de dar la espalda a un artista verdaderamente alemán. Pero debe ser un verdadero artista, no un mero productor de ruidos atonales“.
La obra fue terminada en 1934. Escucharemos su discurso, entre expresionista y neoclásico, y sus evocaciones arcaicas. Tres temas para tres arcángeles, incluido San Miguel, el pájaro-guía, el tema de los tormentos, el tema de las alucinaciones por ergotismo, etc. Una obra capital del siglo XX. Enjoy!
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En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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