El historiador John Elliott: “En Inglaterra se tiene claro que ningún partido político tiene la respuesta a los problemas”
7 Febrero 2010
En plena celebración del bicentenenario de las independencias americanas, adquiere especial relevancia el nuevo libro de John H. Elliott, ‘España, Europa y el mundo de Ultramar’ (Taurus), una obra en la que el hispanista recopila, a modo de pequeños ensayos, todos sus artículos y reflexiones en torno a un asunto que ya abordó en una de sus obras más célebres, ‘España y su mundo’.
Elliott alude constantemente a la comparación entre España y Gran Bretaña, tanto en el pasado como en el presente. «Es difícil escapar a la mentalidad imperial cuando se ha tenido un imperio», dice, y apunta al modo en que este hecho ha marcado el recorrido de la historia inglesa.
«La cosa cambia cuando el imperio, el poderío mantenido por España en Europa durante tantísimo tiempo, desemboca en el desastre del 98», prosigue, realizando a partir de ahí un interesante análisis sobre «la excesiva autocrítica de la sociedad española, muchas veces injusta», sobre ese permanente sentimiento de culpa y de creencia en su incapacidad para llevar las riendas de su destino histórico que, en cierto modo, se mantiene hasta ahora.
Sostiene Elliott, en un natural salto del pasado al presente, que eso explica el modo en el que se está interpretando la actual crisis económica. «La misma recesión se está viviendo a nivel mundial, pero en ningún otro país se está creando como aquí una situación de psicosis. La autoculpa es algo muy español, ese particular ensimismamiento a la hora de juzgar los conflictos. En Inglaterra existe una gran preocupación, pero se tiene claro que ningún partido político tiene la respuesta a los problemas».
«Se ha hablado mucho de los fracasos de España, cuando no hay que olvidar el gran éxito de la historia de la Transición a nivel político, económico y cultural. Todo eso se consiguió a base de consenso y ahora es ese consenso el que peligra. Me da un cierto miedo que el exceso de polarización, la demagogia política en medio de las actuales dificultades financieras dé al traste con ese gran logro».


Hoy se da la sustitución del abuelo por la televisión. Antes, el abuelo contaba las historias del jabalí y ahora los nietos quieren irse al fútbol. Los jóvenes no se adaptan al campo, se escapan a la ciudad.
Yo al novelista Julian Barnes le tengo mucho respeto porque pasa de los sesenta y tiene una manera de escribir cautivadora. Los neófitos de la literatura piensan que escribir bien es cuestión de orden y limpieza, juntar frases, darles brillito y hacer que suenen a novedad.
La primera frase de Barnes: “no creo en Dios, pero le echo de menos” es reveladora de lo que vendrá, una obstinación percutiva por no dejar en ningún momento de hablar de Él.
En cuanto a la obstinación por la muerte, el escritor huye de ella a través de perífrasis vitales. Cuenta la anécdota del compositor
De fondo suena el piano de McCoy Tyner, que no sólo es un extraordinario pianista, y extraordinario representante del estilo modal, sino que por la delicadeza de su toque, por la búsqueda de una sonoridad siempre brillante y el carácter ornamental de sus improvisaciones, es uno de los grandes músicos de jazz moderno. El rol que desempeñó en el seno del cuarteto de Coltrane, le ha marcado, sin duda, de forma irreversible, y siempre para bien: el pianista del sosiego, la suavidad, la serenidad y la certeza; lo contrario de los furores inquietos de su líder.

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