La oración de ZP
5 Febrero 2010
Lo único interesante de la oración de Zapatero fue comprobar cómo se las arreglaba para esquivar precisamente toda alusión a Dios y al poder de la oración. Cosa que ocurrió, porque el cogollo de su discurso no fue más que un refrito de su laicismo comprometido. Hasta se sirvió del Deuteronomio para arrimar el ascua a la sardina del socialismo de los trabajadores.
La gracia está en que la Fundación que invitó a nuestro presidente, se originó para combatir el socialismo real y el comunismo, la ideología que patrocinaba el descalabro de Dios y la necesidad de que el hombre recuperara todas las atribuciones que había proyectado en el Omnipotente.
Hay que decir que EEUU no tiene una obsesión por Dios, como se dice en algunos medios, o que el suyo es el Dios del dólar y del Imperio. Para el norteamericano, el poder no es absoluto, por eso se hace imprescindible un freno, un límite a la irresponsabilidad de un poder tirano. La división de poderes se convierte en un logro y la referencia a Dios en una necesidad.
Pero el jueves, jueves negro para la economía española, fue mala fecha para que Zapatero hablara del poder autónomo del hombre. En España cada vez aumenta más el número de desempleados, mientras mengua el peso de nuestro país en el panorama mundial, los mercados se ceban con nosotros y las agencias de rating nos quitan puntos, dejándonos desguarnecidos. Pero el problema de España no es económico, sino de pensamiento, de concepto del hombre y del Estado.
El presidente habló de la autonomía absoluta del ser humano y de la familia como una célula independiente del cuerpo, una especie de entidad autónoma que se las ve y se las desea para sobrevivir. Esta es la falla que está en la base de todas las demás, como la falla económica, la social, etc. Y es la de considerar que cada hombre está desligado de los demás, tiene una moral autónoma, la suya, y rebaña de la tarta de la vida lo que puede.
El cristiano sabe que el género humano comparte una misma naturaleza y una misma vocación a encontrarse con Dios y así llegar a su plenitud. Pero los discursos políticos que nos desvinculan a los unos de los otros, garantizan un fracaso para el desarrollo de cualquier modelo social.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Los zurbaranes de Sevilla han conseguido dejar el tiempo desabotonado, en suspenso. Los chinos dicen que ven la hora en los ojos de los gatos. Baudelaire escribió que cuando se inclinaba sobre aquella mujer que le inspiraba sus mejores versos, y la miraba fijamente a los ojos, veía con claridad la hora, “constantemente la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos y segundos”, y es que cuando uno está con quien ama, al tiempo no le salen grumos. La mirada del espectador de Zurbarán tiene mucho de un estatismo que no desaloja de la realidad, sino que hace descubrir a Dios en los mundos y submundos cotidianos.
Claro, un museo que te recibe con tres patios abiertos (el del aljibe es de ensueño) y con sus silenciosos claustros, sólo interrumpidos por el gorgoteo del agua, insinúa que te espera un recorrido de honda experiencia religiosa.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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