Parodia argentina sobre Facebook llevado a la vida real
31 enero 2010
Comentarios de la pasada semana sobre el vídeo apocalíptico de Facebook:
Juan: “¿Y qué si tienen mis datos?… mis datos son públicos: los tiene mi banco, mi empresa, el cole de mis hijos, todos mis proveedores… ¿para qué les sirven?, les genera un volumen de trabajo, intentando clasificarme para revender mi perfil a multinacionales que me ofrecerán sus productos y que yo decidiré si comprar o no sólo en función de cómo me haya levantado ese día. Pobre CIA, con tanta información como dispone y se la cuelan por todas partes… No voy a cambiar mi amor por los demás, no voy a vivir acojonado, voy a ser feliz (y además sé cómo están mis seres queridos en cada momento)”
Antonio: “Sí, el feisbuk, como muchas otras cosas, puede tener su lado oculto. Al parecer, Obama piensa usar los datos de las tropecientasmil personas que están registrados como fans suyos para, en momentos clave, mandarles ideas, directrices, globos sonda, lo que sea… sin necesidad de utilizar la prensa, la tele o el aparato del partido demócrata… del presi a tu casa. Ni Adolf llegaba tan rápido a sus adeptos…“


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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