Inmigrantes: los futuros pastores castellanos
24 enero 2010
La Asociación Puente de Vida (Castilla y León) ha informado de que más de 20 jóvenes inmigrantes de entre 18 y 30 años se forman en Escuela de Pastores de Salamanca. El presidente de esta agrupación, el sacerdote Antonio Romo, afirma que la asociación lleva varios años enseñando a jóvenes extranjeros cómo se desarrolla la labor de pastoreo, además del conocimiento del idioma español y otras materias como el inglés o las matemáticas. Ahora se le añaden más enseñanzas, como la elaboración del queso de oveja. La asociación cuenta con el respaldo del gobierno regional, que le cede una finca y le otorga subvenciones.
En torno al 70% de estos jóvenes procede de Marruecos, Honduras y Senegal. A estos se suman otros que vienen de Rumania, Bulgaria, Rusia, Colombia, Bolivia, El Salvador y Argentina. Junto con la Escuela de Pastores, Antonio Romo y Francisco Buitrago, sacerdotes de la parroquia salmantina de Puente Ladrillo y directores de la Casa de Acogida, también instruyen en las labores de la huerta a una docena de inmigrantes. Gracias al trabajo de estos sacerdotes, varios inmigrantes disfrutan de contratos laborales de larga duración, en tareas del campo. Otros de estos jóvenes inmigrantes han conseguido colocación temporal en viveros, la cosecha de la patata o la vendimia.
Según Antonio Romo, su asociación permite a jóvenes inmigrantes llegar a tener un hogar de acogida, mejorar la formación cultural, conocer la lengua española, entrar en contacto con otras personas y acercar al mercado laboral a personas sin recursos. Este tipo de enseñanza y de convivencia supone un gran enriquecimiento para los inmigrantes. En algunos casos, permite que el inmigrante se integre mejor, al desarrollar una relación más fluida con personas de otra cultura y de otra lengua. Gracias a esta labor de la Asociación Puente de Vida, se motiva a los jóvenes a continuar sus estudios o empezarlos.


En el vídeo que proponemos esta semana, vemos al maestro trabajando en un bosque. Dice que los pájaros cantan mejor al amanecer y al anochecer, porque se quedan fascinados por los colores.
Hace poco tiempo recordaba con un amigo la conversación que mantuvimos este año con una adoradora de la Pachamama. Nos encontrábamos en las alturas de Machupichu que cantara Neruda, y la fichamos como guía. Al final del recorrido de siete horas (un plus de cuatro más allá de lo que ajustamos), la invitamos a comer. Yo bendije al Señor por los alimentos que íbamos a comer y ella bendijo a la Madre Tierra por los frutos de su generosidad. A los postres, le dije a nuestra invitada a la mesa que no comprendía esa manera tan personal de dirigirse a la Naturaleza, que de por sí no tiene el seso de saber lo que entrega y a quién lo hace.
De fondo suena el trío de Bill Evans. Cuando el gran pianista murió el 15 de septiembre de 1980, de una insuficiencia hepática a consecuencia de su adicción a las drogas, tenía cincuenta y un años y llevaba mas de veinte entre la elite de su instrumento. El “poeta del piano” como lo definió el escritor, Gene Less, mantuvo incólume su estilo lírico y su sensibilidad hasta sus últimos días.


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